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📎 Guía gratuita · Crianza

Mi hijo tiene ansiedad

Por Miguel Martínez, psicólogo · Colegiado nº CV17649

Seis herramientas para el padre o la madre, no para el niño. Y no es un parche: entrenar solo a los padres funciona tan bien como tratar al niño.

Ilustración: el ratón de Psicolinks junto a una casa con la ventana encendida
La idea de fondo. Hay un dato que cambia por completo el papel de los padres aquí. En un estudio de la Universidad de Yale con 124 niños con trastornos de ansiedad, se comparó la terapia cognitivo-conductual de siempre —con el niño— contra un programa que solo entrenaba a los padres. Los dos funcionaron igual: en torno al 60 % de los niños dejó de cumplir criterios de trastorno de ansiedad. Es decir, que lo que hacéis en casa no es un complemento del tratamiento: puede ser el tratamiento. Y lo que se entrena no es quitarle el miedo al niño, sino dejar de hacer las cosas que, sin querer, se lo sostienen — diciéndole a la vez que sabes que su miedo es real y que confías en que puede.

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Seis herramientas

Herramienta 1 · La que cambia el papel de los padres

Lo que más ayuda no es quitarle el miedo, es acompañarlo

La reacción natural cuando un hijo lo pasa mal es hacer que deje de pasarlo mal cuanto antes: contestarle la duda, acompañarle, hablar por él, dejar que se quede en casa. Alivia en el momento y es lo que cualquiera haría. El problema es lo que le enseña: que eso que le da miedo era de verdad peligroso y que él solo no habría podido.

Hazlo así: la frase que resume lo que sí funciona tiene dos mitades y hay que decir las dos: «sé que esto te da mucho miedo de verdad, y sé que puedes con ello». Ni minimizar ni rescatar.

Herramienta 2

Mira qué has ido cambiando tú

Se llama acomodación familiar y es lo mejor estudiado que hay en ansiedad infantil: los cambios que la familia va haciendo para que el niño no lo pase mal. Dormir con él, contestar la misma pregunta veinte veces, pedir por él en el restaurante, cambiar los planes, esperar fuera del colegio. No los hacen los padres que pasan: los hacen los que más se implican. Y aun así son lo que mantiene el miedo, porque cada uno le confirma al niño que sin ti no puede.

Hazlo así: haz una lista de todo lo que en tu casa se hace distinto por la ansiedad de tu hijo. Con el registro A-B-C sale solo, y verlo entero suele ser la parte que más abre los ojos.

Herramienta 3

Quita una sola cosa, avisando, y sostenla

Aquí es donde la gente se estrella: se quita todo de golpe y sin avisar, el niño se hunde, los padres se asustan y se vuelve al punto de partida peor que antes. La retirada tiene que ser de una cosa cada vez, anunciada antes con cariño y mantenida cuando venga la protesta, que va a venir.

Hazlo así: elige la acomodación más pequeña de tu lista. Díselo antes, en un momento tranquilo: qué vas a dejar de hacer, desde cuándo y por qué —«porque creo que ya puedes»—. Y no lo negocies en caliente.

Herramienta 4

Cuidado con la trampa de tranquilizar

«¿Seguro que no me va a pasar nada?» es la pregunta que más se repite en una casa con un niño ansioso, y contestarla bien tiene truco. Responder una vez está perfecto. Responderla la quinta vez ya no informa de nada: solo alivia un minuto y le enseña que sin preguntar no se puede estar tranquilo. Es exactamente el mismo mecanismo que en un adulto que se pasa el día buscando síntomas en internet.

Hazlo así: contesta la primera vez con claridad. A partir de ahí, cambia la respuesta: «esa ya te la he contestado, y creo que tú sabes la respuesta». Dicho con cariño, no como castigo.

Herramienta 5

No dejes que el miedo le quite cosas

Un niño ansioso va reduciendo su vida sin que nadie lo decida: primero no duerme fuera, luego no va a cumpleaños, luego no se queda a comer. Cada renuncia parece pequeña y todas juntas le van cerrando el mundo. Y cuanto más pequeño es el mundo, más grande parece lo de fuera.

Hazlo así: mira qué ha dejado de hacer este año y elige una sola cosa para recuperar, por partes y con un primer paso ridículamente pequeño. Ir a la puerta del cumpleaños cuenta como paso.

Herramienta 6 · La que se salta todo el mundo

Mira también cómo estás tú

La ansiedad se aprende mirando, y un padre que se pone nervioso cada vez que el niño se pone nervioso le está enseñando —sin decir una palabra— que esto es para asustarse. Además, sostener la retirada de la acomodación cuesta bastante, y no se puede sostener desde el agotamiento.

Hazlo así: si tú también lo pasas mal con esto, no lo dejes para después: mira el agotamiento de padres y, si te reconoces en la parte de ansiedad, el test de ansiedad. Que tú estés mejor es parte del tratamiento de tu hijo, no un lujo aparte.
Cuándo pedir ayuda, y una cosa que no espera. Si tu hijo ha dejado de ir al colegio, si ha perdido peso o no duerme, si lleva meses así o si en casa ya gira todo alrededor de su ansiedad, eso merece que lo mire un profesional: se trata bien y en la infancia suele responder rápido. Y algo que no espera a la próxima cita: si aparecen autolesiones o dice que no quiere seguir viviendo, se pide ayuda ese mismo día — el 024 atiende las 24 horas, es gratuito y también atiende a familiares que no saben qué hacer. Tienes autolesiones en adolescentes, cuando no quiere ir al colegio y dónde pedir ayuda.

¿Y si quieres trabajarlo con alguien?

Soy Miguel Martínez, psicólogo colegiado nº CV17649. Paso consulta online para toda España y presencial en Valencia. Si esto que cuenta la guía te está pasando de verdad y quieres que alguien mire tu caso, escríbeme y te digo cómo trabajo, sin compromiso.

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