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📎 Guía gratuita · Terapia

Cuando la terapia no funciona

Por Miguel Martínez, psicólogo · Colegiado nº CV17649

Seis herramientas para antes de dejarlo — y para saber cuándo dejarlo es lo correcto.

Ilustración: el ratón de Psicolinks junto a una nube de lluvia con un sol detrás
La idea de fondo. Esto no lo escribe casi nadie porque no interesa comercialmente, y hace falta: mucha gente abandona en la sesión cuatro por cosas que tenían arreglo, y otra mucha aguanta años en algo que no le sirve. Tres cosas que ayudan a distinguir. Una: las primeras sesiones no se notan, y algunos tratamientos empeoran las cosas al principio a propósito. Dos: la causa más común de una terapia que no avanza es que no hay objetivos escritos — se conversa, se sale más ligero, y a los seis meses la vida sigue igual. Y tres, la que casi nadie hace: decirlo en la sesión. Los baches son normales y hablarlos suele mejorar la terapia en vez de romperla. Ahora bien, hay señales que no son «no avanzamos» sino malas señales, y esas no se hablan: de esas uno se va.

Seis herramientas

Herramienta 1 · La que evita abandonar demasiado pronto

Antes de nada, mira cuánto llevas

Las primeras sesiones son de recoger información y casi nunca se nota nada; eso no es que no funcione, es que todavía no ha empezado. Y hay tratamientos que empeoran las cosas al principio a propósito —la exposición, por ejemplo— porque acercarse a lo que uno evita sube la ansiedad antes de bajarla.

Hazlo así: si llevas menos de cinco o seis sesiones, la pregunta no es «¿funciona?» sino «¿sé qué estamos haciendo y para qué?». Si no lo sabes, eso sí se pregunta ya.

Herramienta 2

Comprueba si hay objetivos escritos, o si estáis conversando

Es la causa más frecuente de terapias que no avanzan: sesiones agradables, se sale más ligero, y a los seis meses la vida está igual. Una terapia con rumbo tiene objetivos concretos y una forma de saber si se van cumpliendo, aunque sean pequeños.

Hazlo así: escríbelos tú si no los hay y llévalos: «quiero volver a coger el metro», «quiero discutir sin gritar». La hoja es mis objetivos de terapia, y llevarla a la próxima sesión cambia la conversación entera.

Herramienta 3

Dilo en la sesión. Es incómodo y es lo que más lo arregla

Muchísima gente se va sin decir nada, y el profesional se queda sin saber qué pasó. Y hay algo que conviene saber: los baches y los desencuentros son normales, y hablarlos suele mejorar la terapia en vez de romperla. Un buen profesional lo agradece; si se pone a la defensiva, eso ya te ha dado información.

Hazlo así: una frase basta: «llevo un tiempo con la sensación de que no avanzamos y quería decírtelo». Si te cuesta prepararla, preparar una conversación.

Herramienta 4

Mira si el problema es la terapia o es lo de fuera

A veces no avanza porque hay algo que no se puede arreglar desde una consulta: una casa donde no se puede dormir, una relación de la que no se puede salir sin dinero, un trabajo que enferma, un dolor físico sin diagnosticar. Y también pasa que el trabajo entre sesiones no se está haciendo — que es donde ocurre la mitad del tratamiento.

Hazlo así: sé sincero contigo primero: ¿has hecho lo que quedaba en hacer? Si no, ese es el tema de la próxima sesión, y no da vergüenza: casi nadie lo hace las primeras semanas.

Herramienta 5

Y hay señales que no son «no avanzamos»: son malas señales

Distinto de una terapia que no arranca. Que te hable de sus problemas más que de los tuyos, que te diga que sabe lo que te pasa sin haberte preguntado, que no te explique en qué consiste lo que hacéis, que se enfade si preguntas, que te desaconseje ver a tu médico, que insinúe que si no mejoras es porque no quieres. Y cualquier cosa que cruce lo personal.

Hazlo así: ahí no hay que hablarlo: hay que irse. Y si ha habido algo grave, se puede poner en conocimiento del colegio profesional correspondiente. Para elegir otra vez, elegir psicólogo.

Herramienta 6

Cambiar de profesional no es empezar de cero

Es la creencia que más gente retiene en una terapia que no le sirve. Pero te llevas lo aprendido, sabes mucho mejor qué necesitas y qué no te encaja, y eso hace que el segundo intento suela ir bastante más rápido que el primero.

Hazlo así: si decides cambiar, díselo —no hace falta desaparecer— y pide un informe de alta si has estado un tiempo: le ahorra meses al siguiente. Y no descartes que el enfoque sea el problema: preguntas sobre la terapia conductual explica en qué se diferencian.
Y si lo dejas. Cambiar de profesional no es empezar de cero: te llevas lo aprendido y sabes mucho mejor qué necesitas. Pero no lo dejes en el aire — si estás mal, buscar el siguiente antes de soltar el anterior evita meses de nada. Tienes elegir psicólogo, cómo es la primera sesión y dónde pedir ayuda, que empieza por la pública.

¿Y si quieres trabajarlo con alguien?

Soy Miguel Martínez, psicólogo colegiado nº CV17649. Paso consulta online para toda España y presencial en Valencia. Si esto que cuenta la guía te está pasando de verdad y quieres que alguien mire tu caso, escríbeme y te digo cómo trabajo, sin compromiso.

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