Preguntas antes de ir al psicólogo
Por Miguel Martínez, psicólogo · Colegiado nº CV17649
Catorce preguntas para llevar preparadas: ocho para hacerte tú y seis para hacerle a quien te atienda. Todas desde el mismo sitio: qué haces, qué va antes y qué viene después.
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Ocho preguntas para hacerte tú, antes de la primera cita
Contestarlas por escrito, aunque sea a medias, hace que la primera sesión rinda el doble. No hace falta que sean respuestas buenas: hacen falta respuestas concretas.
Pregunta 1
¿Qué hago exactamente cuando me pasa?
Es la pregunta que más cambia las cosas, y la que peor se contesta al principio. «Tengo ansiedad» no es una conducta: es una etiqueta. «Salgo del supermercado sin comprar», «miro el móvil cuarenta veces», «no cojo el teléfono», «me tomo dos copas antes de entrar» sí lo son. Lo primero se discute; lo segundo se cuenta, se mide y se cambia.
Pregunta 2
¿Qué pasa justo antes?
Nada aparece de la nada. Suele haber un momento del día, un sitio, una persona, un pensamiento o un estado del cuerpo que va delante casi siempre. A eso se le llama antecedente, y encontrarlo es media faena: si sabes dónde se enciende, puedes intervenir antes de que se encienda.
Pregunta 3
¿Qué consigo o de qué me libro justo después?
Esta es la clave de por qué algo se repite aunque te haga daño. Casi todas las conductas que se mantienen están quitando algo desagradable de en medio: la evitación quita ansiedad, la copa quita incomodidad, el móvil quita aburrimiento, gritar acaba la discusión. Funciona a corto plazo, y por eso se repite; el problema es lo que cuesta a largo.
Pregunta 4
¿Cuántas veces, cuánto dura y desde cuándo?
Sin números no se sabe si algo mejora: la memoria es mala jueza y en una mala semana parece que nada ha cambiado nunca. Una cuenta sencilla durante dos semanas —veces al día, minutos, intensidad del 0 al 10— es la línea de partida contra la que se compara todo lo demás.
Pregunta 5
¿Qué he dejado de hacer por esto?
Aquí es donde se ve el tamaño real del problema. No en cómo de fuerte es el malestar, sino en cuánta vida se ha llevado por delante: sitios a los que ya no vas, planes que rechazas, cosas que solo haces acompañado. Esa lista suele ser, además, el orden en que se va a recuperar.
Pregunta 6
¿Qué he probado ya y qué pasó exactamente?
Lo que has intentado sin éxito no es una lista de fracasos: es información. Muchas veces la solución intentada forma parte del problema —evitar, comprobar, buscar tranquilidad, controlar los pensamientos— porque alivia hoy y refuerza mañana. Un profesional necesita saber esto antes de proponerte nada.
Pregunta 7
¿Qué haría si esto ya no fuera un problema?
Contestar en concreto, no en abstracto: no «estaría bien», sino «volvería a quedar los viernes», «cogería el coche para ir a ver a mi hermana», «dormiría del tirón». Esas frases son los objetivos de la terapia, y son las que dicen si está funcionando.
Pregunta 8
¿Cómo sabremos, tú y yo, que esto va mejor?
Un buen criterio se puede comprobar sin discutir: dormir seis horas seguidas cuatro noches por semana, entrar solo al supermercado, hacer la llamada que llevas meses aplazando. Si el criterio es «sentirme bien», no hay manera de saber si se avanza.
El esquema que hay detrás de todo esto
En análisis de la conducta se resume en tres letras. Es sencillo y es sorprendentemente útil incluso sin terapia: apúntalo tres días seguidos y verás aparecer el patrón.
Qué había justo antes: la hora, el sitio, la persona, el cansancio, el pensamiento que apareció.
Qué hiciste exactamente, contado como lo grabaría una cámara. Sin etiquetas ni interpretaciones.
Qué pasó justo después: qué alivio llegó, qué te quitaste de encima, qué conseguiste. Y qué costó luego.
Seis preguntas para hacerle al psicólogo
Son preguntas normales y un buen profesional las agradece. Si alguna incomoda de verdad, eso también es información.
Pregunta 9
¿Desde qué enfoque trabajas y por qué encaja con lo mío?
Para los motivos más frecuentes —ansiedad, insomnio, fobias, obsesiones, ánimo bajo— las terapias cognitivo-conductuales y contextuales son las que más evidencia acumulan. Que te lo pueda explicar en cristiano es buena señal; que responda con jerga o vaguedades, no.
Pregunta 10
¿Vamos a hacer un análisis de qué mantiene esto?
En un enfoque conductual las primeras sesiones se dedican a eso: cuándo pasa, qué va antes, qué viene después y qué lo sostiene. Si a la cuarta sesión no sabrías explicarle a alguien qué mantiene tu problema, dilo en voz alta.
Pregunta 11
¿Qué voy a tener que hacer entre sesiones?
Esta es la parte que a mucha gente le sorprende: el trabajo de verdad pasa fuera de la consulta. Registros, exposición por pasos, cambios concretos en la semana. Una hora de conversación cada quince días no cambia una conducta que llevas años repitiendo.
Pregunta 12
¿Cuánto puede durar y cómo lo mediremos?
Para muchos motivos de consulta se suele hablar de entre 8 y 20 sesiones, semanales al principio y espaciándose después. Y la medida no debería ser una impresión: puede ser un cuestionario repetido, un registro o los objetivos concretos que fijasteis al empezar.
Pregunta 13
¿Qué hacemos si a las X sesiones no mejora?
Una pregunta incómoda y muy útil. La respuesta razonable es: se revisa el análisis, se cambia el plan y, si hace falta, se deriva o se valora consultar con medicina. La respuesta mala es «hay que tener paciencia» sin nada más.
Pregunta 14
¿Qué pasa con la medicación?
Un psicólogo no receta: esa decisión es de un médico. Para muchos problemas la psicoterapia sola basta, y en otros la combinación va mejor. Lo que nunca debería pasar es que un psicólogo te desaconseje una medicación pautada por tu médico.
¿Y si quieres trabajarlo con alguien?
Soy Miguel Martínez, psicólogo colegiado nº CV17649. Paso consulta online para toda España y presencial en Valencia. Si esto que cuenta la guía te está pasando de verdad y quieres que alguien mire tu caso, escríbeme y te digo cómo trabajo, sin compromiso.
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