El «se veía venir»
Vas a estimar tres cosas, te vamos a dar las respuestas, y después te vamos a pedir que recuerdes qué habías puesto tú. Ahí está el experimento.
Tres preguntas que casi nadie sabe de memoria.
No busques nada: pon el número que te salga, aunque sea a ojo. Da igual acertar, de verdad — el experimento no va de eso. Los tres huecos tienen que estar llenos.
Las respuestas.
Léelas con calma. Cuando las tengas, sigue.
Ahora lo importante: ¿qué habías puesto tú?
Sin subir a mirar y sin pensarlo mucho. No es un examen de memoria: pon el número que recuerdes haber escrito hace un minuto.
Qué acaba de pasar
Esto se llama sesgo retrospectivo, y lo midió Baruch Fischhoff en 1975 con este mismo truco. En cuanto conoces el resultado, tu recuerdo de lo que creías antes se actualiza solo, sin que tú hagas nada y sin que te des cuenta. No es mala memoria: es que ya no queda ninguna copia limpia de lo que pensabas antes de saberlo.
Pasa igual con los demás. Juzgamos la decisión de otro con la información que tenemos ahora, no con la que él tenía entonces — y por eso los errores ajenos siempre parecen más evitables de lo que eran. Un buen resultado no demuestra que la decisión fuera buena, y un mal resultado no demuestra lo contrario.
De dónde sale esto y qué no es. Fischhoff, B. (1975). Hindsight ≠ foresight: the effect of outcome knowledge on judgment under uncertainty. Journal of Experimental Psychology: Human Perception and Performance, 1(3), 288–299. Aquí hay tres preguntas y un minuto; allí había grupos, control y muchos participantes. El efecto es de grupo y en una sola persona puede no salir: si tus tres recuerdos han sido exactos, no significa nada malo ni bueno de ti. No puntúa nada.
Esto era un experimento de dos minutos.
Ver cómo funciona la cabeza está bien; cambiar algo de lo que te pasa se hace mejor con alguien delante. Soy Miguel Martínez, psicólogo colegiado nº CV17649: trabajo online para toda España y presencial en Valencia.
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