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📎 Guía gratuita · Ánimo

Perdonarse a uno mismo

Por Miguel Martínez, psicólogo · Colegiado nº CV17649

Seis herramientas para eso que hiciste —o que no hiciste— y que llevas años cobrándote todos los días.

Ilustración: el ratón de Psicolinks junto a una nube de lluvia con un sol detrás
La idea de fondo. Casi nadie se perdona porque cree que perdonarse sería decir que aquello da igual. No lo es: reconocer el daño se queda, y lo que se suelta es el castigo diario, que no repara nada y no se lo debes a nadie. Ayuda mucho distinguir la culpa —«hice algo mal», que empuja a reparar— de la vergüenza —«soy alguien malo», que solo empuja a esconderse—. Y hay una trampa grande: darle vueltas se siente como hacerse cargo y no lo es. Repasar no repara; reparar repara, y cuando ya no se puede reparar, lo honesto es que sirva para cambiar algo.

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Seis herramientas

Herramienta 1

Perdonarse no es quitarle importancia

Mucha gente no se perdona porque cree que hacerlo sería decir que da igual. No es eso: es dejar de pagar por ello todos los días de tu vida, que es una condena que nadie te ha puesto salvo tú.

Hazlo así: sepáralo en dos: reconocer el daño —que se queda— y el castigo diario —que se puede soltar—. Lo primero es responsabilidad; lo segundo no repara nada.

Herramienta 2 · La distinción clave

Distingue culpa de vergüenza

La culpa dice «hice algo mal» y empuja a reparar. La vergüenza dice «soy alguien malo» y solo empuja a esconderse. Son distintas y llevan a sitios opuestos.

Hazlo así: cuando te venga la frase, mira cómo está construida. Si habla de lo que eres y no de lo que hiciste, reescríbela en términos de conducta: «hice X», no «soy X».

Herramienta 3

Repara lo que se pueda reparar, y hazlo de verdad

La culpa que no se puede convertir en nada se queda dando vueltas. Cuando hay algo que hacer, hacerlo baja el peso mucho más que cualquier razonamiento.

Hazlo así: pregúntate qué se puede reparar todavía: una disculpa, una conversación pendiente, devolver algo. Si se puede, ponle fecha esta semana.

Herramienta 4

Y si no se puede reparar, que sirva para algo

Hay daños que ya no se pueden deshacer: la persona murió, la relación se acabó, pasaron veinte años. Ahí la única salida honesta no es olvidarlo, es que cambie algo en cómo vives.

Hazlo así: define qué haces distinto a partir de esto, concreto y comprobable. No es un castigo: es lo que convierte el remordimiento en algo con dirección.

Herramienta 5

Ponle contexto a quien eras entonces

Te estás juzgando con lo que sabes hoy y desde la calma de hoy. La persona que decidió aquello tenía otra edad, otra información y estaba en otro momento.

Hazlo así: escribe qué sabías, qué no sabías y cómo estabas entonces. No para excusarte: para juzgar con el expediente completo, que es lo mínimo que se le concede a cualquiera.

Herramienta 6

Deja de repasarlo, que repasar no es reparar

Darle vueltas se siente como estar haciéndose cargo, y no lo es: no repara nada y mantiene la escena viva. Es rumiar con buena conciencia.

Hazlo así: ponle un rato fijo al día —quince minutos— para pensarlo. Fuera de ese rato, cuando aparezca: «esto ya lo tengo pensado» y vuelves a lo que estabas. Cuesta al principio y funciona.
Cuándo pedir ayuda. Si esto lleva años, si te impide dormir o si por debajo hay algo grave —un accidente, una pérdida, algo que le pasó a alguien—, no es cuestión de fuerza de voluntad y conviene tratarlo con alguien: se trabaja bien y se avanza. Si en algún momento aparece la idea de que el mundo estaría mejor sin ti, el 024 atiende las 24 horas, gratis y confidencial.

¿Y si quieres trabajarlo con alguien?

Soy Miguel Martínez, psicólogo colegiado nº CV17649. Paso consulta online para toda España y presencial en Valencia. Si esto que cuenta la guía te está pasando de verdad y quieres que alguien mire tu caso, escríbeme y te digo cómo trabajo, sin compromiso.

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