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🧪 Experimento · Dos minutos

La ilusión de control

Cuarenta rondas para encender una luz. Y una pregunta al final que es de lo que va esto de verdad.

Tu objetivo es que se encienda la luz.

En cada ronda eliges una de dos cosas: pulsar o no pulsar. Después verás si la luz se enciende. Vas a tener cuarenta rondas para averiguar cómo va.

Ve probando: pulsa unas veces sí y otras no, a ver qué pasa. Tarda menos de dos minutos.

Ronda 1 de 40

Ya está. Ahora la pregunta.

De 0 a 100: ¿cuánto control crees que has tenido sobre si la luz se encendía? Cero sería «ninguno, iba a su aire»; cien, «la controlaba del todo».

50

0 · ninguno100 · total

0%control que creías tener
0%control que tenías

Qué acaba de pasar

La luz se encendía tirando una moneda trucada al 75 %, siempre igual, hicieras lo que hicieras. Y ahí está la clave de todo esto: la sensación de control no viene de controlar — viene de que las cosas salgan bien a menudo. Si la luz se hubiera encendido solo una de cada cuatro veces, casi nadie habría dicho que la controlaba. Con tres de cada cuatro, casi todo el mundo lo dice.

Eso es exactamente lo que midieron Alloy y Abramson en 1979. Mismo montaje: pulsar o no pulsar, una luz, y cero relación entre las dos cosas. Con la luz encendiéndose el 25 % de las veces, la gente acertaba y decía que no controlaba nada. Con el 75 %, se atribuía un control que no existía. La ilusión no la fabrica el esfuerzo: la fabrica el buen resultado.

Y de aquí sale casi todo el catálogo: la camiseta de la suerte, el orden exacto de las cosas antes de un examen, tocar madera. Pero también, y esto ya no es folclore, lo que mantiene una compulsión. Comprobar el gas y que no pase nada. Repasar la conversación y que no pase nada. Como casi siempre no pasa nada, el ritual se queda con el mérito — igual que tu dedo se quedaba con el mérito de una luz que iba a encenderse de todas formas.

Y por eso el tratamiento es el que es. Para romperlo no basta con saberlo: hay que no hacer el ritual y comprobar que tampoco pasa nada. Eso tiene nombre —exposición con prevención de respuesta— y su hoja está en registro de obsesiones y compulsiones; el porqué, en obsesiones y TOC. Y si lo que te interesa es lo contrario — lo que sí controlas y lo que no—, está en aceptar lo que no puedes cambiar.

De dónde sale esto y qué no es. Alloy, L. B. y Abramson, L. Y. (1979). Judgment of contingency in depressed and nondepressed students: sadder but wiser? Journal of Experimental Psychology: General, 108(4), 441–485. Del título habrás deducido la otra mitad del estudio: el grupo con ánimo bajo estimaba el control con más exactitud. Es un resultado famoso, se ha replicado de forma desigual y, sobre todo, no se puede leer al revés: que hayas acertado aquí no dice absolutamente nada sobre tu estado de ánimo, y que te hayas equivocado tampoco. Esto es una versión de salón —cuarenta rondas en un móvil— y no mide nada de ti.

La ficha, con calma. Dónde aparece esto fuera del experimento y qué se puede hacer con ello: la ilusión de control, en la biblioteca de sesgos.

Esto era un experimento de dos minutos.

Ver cómo funciona la cabeza está bien; cambiar algo de lo que te pasa se hace mejor con alguien delante. Soy Miguel Martínez, psicólogo colegiado nº CV17649: trabajo online para toda España y presencial en Valencia.

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