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🧪 Experimento · Dos minutos

El efecto foco

No te vamos a contar que la gente se fija en ti menos de lo que crees. Vamos a dejar que lo compruebes con tus propios números.

Piensa en un momento tuyo de los de «tierra trágame».

Algo de hace poco y con gente delante: una mancha en la camisa, tropezarte, decir una tontería en una reunión, que se te quiebre la voz. No hace falta que lo escribas en ningún sitio — de hecho, aquí no se escribe nada.

De la gente que estaba delante, ¿qué porcentaje crees que se dio cuenta?

50%

nadietodo el mundo

Ahora al revés.

Piensa en la semana pasada. Toda entera: el trabajo, la calle, la gente con la que comiste. ¿Cuántos momentos vergonzosos de otras personas puedes recordar ahora mismo? Manchas, tropiezos, meteduras de pata de otros. Cuéntalos de verdad, no lo que te parece que deberían ser.

0

ningunoveinte o más

0%creías que se fijaron en ti
0momentos de otros recuerdas

Qué acaba de pasar

Lo que has notado se llama efecto foco, y está medido. En el año 2000, Thomas Gilovich y su equipo hicieron entrar a estudiantes en una sala con una camiseta que les daba vergüenza llevar, y luego les preguntaron cuánta gente creían que se había fijado. Calcularon el 46 %. Se fijó el 23 %: exactamente la mitad de lo que creían.

Y el motivo no es que la gente sea maleducada. Es que cada uno está dentro de su propia cabeza todo el rato. Tú tienes tu mancha en primer plano porque la has vivido desde dentro; los demás tienen en primer plano lo suyo. Por eso la segunda pregunta es la buena: la cantidad de momentos ajenos que recuerdas es exactamente la atención que los demás tienen disponible para los tuyos.

Con una camiseta esto es una anécdota. Con «no puedo entrar ahí, van a notar que estoy nervioso», «se me nota la voz» o «todo el mundo me está mirando», es justo el mecanismo que sostiene la ansiedad social: se evita una situación por una audiencia que, medida, es la mitad de lo que uno cree — y que además se olvida.

Y entonces, ¿qué se hace? Lo que funciona no es convencerse de que nadie mira: es ir a comprobarlo, en pequeño y a propósito. Eso tiene nombre, experimento conductual, y tiene su hoja en experimento conductual. Si lo que te pasa es esto mismo pero a diario, está explicado en ansiedad social y en hablar en público. Y si quieres notar otro de estos efectos en tu propia cabeza, en el laboratorio está el oso blanco.

De dónde sale esto y qué no es. Gilovich, T., Medvec, V. H. y Savitsky, K. (2000). The spotlight effect in social judgment: An egocentric bias in estimates of the salience of one's own actions and appearance. Journal of Personality and Social Psychology, 78(2), 211–222. Lo de aquí arriba no es ese estudio: allí había observadores de verdad contando quién se fijaba, y aquí solo hay dos preguntas y tu memoria. Sirve para notar el sesgo, no para medirte: no puntúa nada y no dice nada de ti.

La ficha, con calma. Dónde aparece esto fuera del experimento y qué se puede hacer con ello: el efecto foco, en la biblioteca de sesgos.

Esto era un experimento de dos minutos.

Ver cómo funciona la cabeza está bien; cambiar algo de lo que te pasa se hace mejor con alguien delante. Soy Miguel Martínez, psicólogo colegiado nº CV17649: trabajo online para toda España y presencial en Valencia.

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