La balanza torcida
Seis apuestas a cara o cruz, siempre la misma pérdida y una ganancia que se va moviendo. Al final sale tu número: cuánto tiene que ofrecerte alguien para que arriesgues cien euros.
Apuesta 1 de 6
Te lanzan una moneda. ¿Aceptas la apuesta?
Dinero imaginario, moneda justa: mitad y mitad. Contesta lo que harías de verdad, no lo que «habría que» hacer.
Si sale cara, ganas 150 €
Si sale cruz, pierdes 100 €
Dónde cae tu número
100 € (balanza recta) 225 € (lo habitual) tu número
Qué acaba de pasar
Si las dos caras de la moneda pesaran igual, aceptarías cualquier apuesta que ofreciera más de 100 €, porque a la larga se gana. Casi nadie lo hace. La cifra que hace falta para que la gente entre suele rondar los 200 o 250 euros: perder cien duele aproximadamente el doble de lo que alegra ganar cien. Eso es la aversión a la pérdida.
Un matiz importante: esto no es un defecto. Una cabeza que se toma las pérdidas más en serio que las ganancias es una cabeza que ha sobrevivido a muchas cosas. El problema no es tener la balanza torcida; es no saber que lo está cuando hay que decidir algo grande.
De dónde sale esto y qué no es. Kahneman, D. y Tversky, A. (1979). Prospect theory: an analysis of decision under risk. Econometrica, 47(2), 263–291. La referencia de 2,25 es de Tversky, A. y Kahneman, D. (1992), Journal of Risk and Uncertainty, 5(4), 297–323. Aquí el dinero es imaginario y son seis preguntas, así que tu número es una orientación y no una medida: con dinero de verdad casi todo el mundo pide más. No puntúa nada y no dice nada de ti.
Esto era un experimento de dos minutos.
Ver cómo funciona la cabeza está bien; cambiar algo de lo que te pasa se hace mejor con alguien delante. Soy Miguel Martínez, psicólogo colegiado nº CV17649: trabajo online para toda España y presencial en Valencia.
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