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🧪 Experimento · Dos minutos

La balanza torcida

Seis apuestas a cara o cruz, siempre la misma pérdida y una ganancia que se va moviendo. Al final sale tu número: cuánto tiene que ofrecerte alguien para que arriesgues cien euros.

Apuesta 1 de 6

Te lanzan una moneda. ¿Aceptas la apuesta?

Dinero imaginario, moneda justa: mitad y mitad. Contesta lo que harías de verdad, no lo que «habría que» hacer.

Si sale cara, ganas 150 €

Si sale cruz, pierdes 100 €

hace falta para arriesgar 100 €
tu balanza: pesa lo que pesa una pérdida

Dónde cae tu número

100 € (balanza recta) 225 € (lo habitual) tu número

Qué acaba de pasar

Si las dos caras de la moneda pesaran igual, aceptarías cualquier apuesta que ofreciera más de 100 €, porque a la larga se gana. Casi nadie lo hace. La cifra que hace falta para que la gente entre suele rondar los 200 o 250 euros: perder cien duele aproximadamente el doble de lo que alegra ganar cien. Eso es la aversión a la pérdida.

Y no es una manía del dinero. La balanza está así calibrada para todo. Por eso una crítica tapa nueve elogios, por eso cuesta tanto dejar un trabajo que no gusta y por eso las ofertas ponen fecha de caducidad: no venden un producto, venden la posibilidad de perderlo. En cualquier cambio, lo que se deja atrás pesa el doble que lo que se podría ganar — y por eso lo de siempre gana casi todas las votaciones.

Un matiz importante: esto no es un defecto. Una cabeza que se toma las pérdidas más en serio que las ganancias es una cabeza que ha sobrevivido a muchas cosas. El problema no es tener la balanza torcida; es no saber que lo está cuando hay que decidir algo grande.

Y entonces, ¿qué se hace? Escribir las cuatro columnas, no las dos de siempre: qué pierdo si cambio, qué gano si cambio, qué pierdo si me quedo y qué gano si me quedo. La tercera es la que la balanza no enseña sola, porque el coste de quedarse no llega en forma de pérdida sino de nada. La ficha entera está en la aversión a la pérdida, y para decisiones de las gordas, tomar decisiones difíciles y lo dejo o sigo.

De dónde sale esto y qué no es. Kahneman, D. y Tversky, A. (1979). Prospect theory: an analysis of decision under risk. Econometrica, 47(2), 263–291. La referencia de 2,25 es de Tversky, A. y Kahneman, D. (1992), Journal of Risk and Uncertainty, 5(4), 297–323. Aquí el dinero es imaginario y son seis preguntas, así que tu número es una orientación y no una medida: con dinero de verdad casi todo el mundo pide más. No puntúa nada y no dice nada de ti.

La ficha, con calma. Qué es y dónde aparece, en la aversión a la pérdida. Su pariente cercano —seguir con algo por lo ya invertido— tiene su propio experimento: el coste hundido.

Esto era un experimento de dos minutos.

Ver cómo funciona la cabeza está bien; cambiar algo de lo que te pasa se hace mejor con alguien delante. Soy Miguel Martínez, psicólogo colegiado nº CV17649: trabajo online para toda España y presencial en Valencia.

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