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📎 Guía gratuita · Primeros meses

Un bebé que no para de llorar

Por Miguel Martínez, psicólogo · Colegiado nº CV17649

Seis cosas para las tardes en las que no hay manera. Para el bebé, y sobre todo para ti, que es la parte de la que no habla nadie.

Ilustración: el ratón de Psicolinks junto a una casa con la ventana encendida
La idea de fondo. Hay un llanto de los primeros meses que no significa que pase nada y que no se calma con nada: aparece hacia las dos semanas, tiene su pico sobre el segundo mes y se va solo hacia el cuarto. Saber que existe no lo hace más corto, pero cambia la pregunta: deja de ser «qué estoy haciendo mal» y pasa a ser «cómo aguanto esto sin romperme».

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6 herramientas

Herramienta 1

Descarta primero lo que se descarta

Antes de nada hay que quitar de en medio lo que sí tiene arreglo, y hacerlo por orden evita repetirlo cuarenta veces con los nervios subidos.

Hazlo así: hambre, pañal, calor o frío, ropa que aprieta, un pelo enrollado en un dedo, postura. Un repaso de dos minutos. Si eso está y sigue llorando, ya no es una lista de comprobación: es la parte de aguantar.

Herramienta 2

Prueba movimiento y ruido, no silencio

La imagen de la habitación en penumbra y en silencio funciona con un bebé que se está durmiendo, no con uno que está desbordado. Lo que suele ayudar se parece más a lo de dentro de la barriga.

Hazlo así: en brazos, de lado o boca abajo sobre tu antebrazo, con balanceo suave y un ruido constante y monótono —la campana extractora, un secador, la ducha—. Y salir a la calle, que funciona más veces de lo que parece razonable.

Herramienta 3

Ten un plan para cuando ya no puedes

Esto es lo importante de toda la guía. Llega un punto de agotamiento en el que uno hace cosas que no haría, y llegar a ese punto no dice nada malo de ti: dice que llevas semanas sin dormir.

Hazlo así: cuando notes que se te va: deja al bebé en un sitio seguro —la cuna, boca arriba, sin nada dentro—, sal de la habitación y respira cinco minutos. Llorando solo cinco minutos no le pasa nada. Zarandeado sí, y es irreversible. Este plan se decide antes, no en el momento.

Herramienta 4

Repartíos por turnos, no por quien puede

«Ya me levanto yo, que tú estás cansada» acaba con los dos rotos y con la cuenta de agravios abierta. Sin turnos, el reparto lo decide el que menos aguanta.

Hazlo así: turnos con hora, aunque uno de los dos dé el pecho: el otro se encarga de todo lo demás en ese turno. Y una siesta protegida al día para cada uno, aunque la casa esté sin recoger.

Herramienta 5

Acepta la ayuda concreta

La ayuda vaga —«decidme si necesitáis algo»— no se usa nunca, porque pedirla también cansa. La concreta sí.

Hazlo así: cuando alguien se ofrezca, pide algo definido: que traiga una cena, que ponga una lavadora, que se lo lleve una hora a pasear mientras duermes. Y ten la lista preparada para cuando pregunten.

Herramienta 6

Mira cómo estás tú, no solo cómo está él

En los primeros meses se vigila al bebé cada hora y a los padres no los mira nadie. Y el desgaste sostenido no avisa: se instala.

Hazlo así: una pregunta a la semana, en alto y a la cara: ¿cómo estás llevándolo? Si la respuesta lleva semanas siendo mala, no es cansancio normal y hay que contarlo — a la matrona, al pediatra o a tu médico.
Y si te supera. Ve al médico sin esperar si el llanto cambia de golpe y suena distinto, si hay fiebre, vómitos, no come o está muy flojo. Y pide ayuda para ti si llevas semanas sin poder con nada, si no duermes ni cuando él duerme, o si has llegado a pensar que tu bebé estaría mejor con otra persona. Eso se trata, y cuanto antes mejor.

Está también el agotamiento de padres, y para los primeros meses, las primeras semanas con un bebé y depresión posparto.

¿Y si quieres trabajarlo con alguien?

Soy Miguel Martínez, psicólogo colegiado nº CV17649. Paso consulta online para toda España y presencial en Valencia. Si esto que cuenta la guía te está pasando de verdad y quieres que alguien mire tu caso, escríbeme y te digo cómo trabajo, sin compromiso.

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