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🗒️ Guiones prácticos

Guiones: qué decir cuando cuesta

Por Miguel Martínez, psicólogo · Colegiado nº CV17649

Diez conversaciones que se evitan durante meses, con la primera frase ya escrita: pedir cita, decir que no, hablar con tu jefe, con tu pareja, con tu hijo o con tus padres.

Para qué sirve esto. Hay conversaciones que no se evitan porque no se sepa qué se quiere decir, sino porque no se sabe cómo empezar la frase. Y en caliente no se improvisa bien: se dice de más, se pide perdón por hablar o se acaba discutiendo de otra cosa. Aquí tienes diez guiones con las palabras puestas. No hace falta usarlos literalmente —de hecho es mejor que suenen a ti—, pero tener escrita la primera frase es lo que hace que la conversación llegue a existir.

¿Prefieres guardarla o imprimirla? Descárgala en PDF para tenerla a mano.

Diez guiones

Cada uno lleva la frase de entrada, qué decir si el otro insiste, y por qué está formulado así. Si vas a usar alguno, léelo en voz alta una vez antes: se nota mucho.

Pedir cita a un psicólogo por primera vez

El correo o la llamada que mucha gente lleva meses aplazando. No hay que contarlo todo: basta con esto.

Hola, quería pedir una primera cita. Nunca he ido al psicólogo y no sé muy bien cómo se hace.
Lo que me pasa, resumido, es que llevo unos meses durmiendo mal y con mucha ansiedad por las mañanas. ¿Qué disponibilidad tienes y cuánto cuesta la sesión?

Por qué funciona: No tienes que explicar tu vida por teléfono ni justificar que sea «suficientemente grave». Preguntar el precio de entrada es normal y te ahorra un mal rato después.

Decirle a tu jefe que no puedes con todo

La conversación que se evita hasta que revienta. Funciona mejor con datos y con una propuesta, no con una queja.

¿Tienes diez minutos esta semana? Quiero comentarte cómo voy de carga.
Ahora mismo llevo estos tres proyectos a la vez y no llego a los plazos de los tres. Prefiero decírtelo antes de que falle algo. ¿Cuál es la prioridad, y qué puedo aplazar o pasar a otra persona?

Por qué funciona: Pides una decisión sobre prioridades, que es su trabajo, en vez de pedir comprensión. Y llevas el problema con una propuesta debajo, que es lo que cambia el tono de la conversación.

Decir que no sin dar diez explicaciones

Cuanto más te explicas, más superficie das para negociar. Corto, amable y sin excusa inventada.

Gracias por pensar en mí, pero esta vez no puedo.
(Si insisten) Ya, lo entiendo. Aun así no voy a poder.

Por qué funciona: Repetir la misma frase sin subir el tono es más eficaz que una razón nueva cada vez: una razón se discute, una decisión no. Y no hace falta inventar una excusa: «no puedo» basta.

Contarle a tu pareja que estás mal

Muchas veces el otro no lo sabe, o lo intuye y no sabe cómo entrar. Ayuda decir qué necesitas exactamente.

Quiero contarte algo y no quiero que lo arreglemos ahora mismo, solo que lo sepas.
Llevo unas semanas sintiéndome bastante hundido. No es por nada que hayas hecho tú. Lo que me ayudaría es que algún día me preguntes cómo voy, y que si me ves callado no des por hecho que estoy enfadado contigo.

Por qué funciona: Dices tres cosas que evitan casi todos los malentendidos: que no pides solución, que no es culpa suya, y qué puede hacer en concreto. «Estar ahí» no es una instrucción; preguntarte cómo vas, sí.

Pedirle a alguien que te acompañe

A una consulta, a una prueba médica, a un sitio que te da miedo. Cuesta pedirlo y casi siempre dicen que sí.

Tengo el martes una cita en el médico y me da bastante ansiedad ir solo. ¿Podrías acompañarme? No hace falta que entres, solo estar.

Por qué funciona: Concreto —día, sitio, qué necesitas— y con la puerta abierta a que la ayuda sea pequeña. Las peticiones vagas son las que se quedan sin respuesta.

Cuando alguien te dice que ir al psicólogo es de débiles

No hace falta convencer a nadie, y discutirlo suele alargarlo. Cerrar la conversación es una opción legítima.

Entiendo que tú lo veas así. A mí me está sirviendo, así que voy a seguir.
(Si sigue) Prefiero no discutir esto. ¿Cambiamos de tema?

Por qué funciona: No entras al debate sobre si la terapia sirve —ese debate no se gana en una comida familiar— y dejas claro que la decisión ya está tomada.

Preguntarle a tu hijo adolescente si está mal

La pregunta directa asusta menos de lo que parece. Lo que la estropea es hacerla en mitad de una bronca.

Te noto desde hace unas semanas más apagado y he pensado que igual lo estás pasando mal. ¿Es así?
(Si dice que no) Vale. Solo quería que supieras que lo he notado y que cuando quieras hablar, estoy.

Por qué funciona: Nombras lo que has visto sin acusar, preguntas de verdad y aceptas el «no» sin insistir. Casi nunca se abre a la primera; lo que hace que se abra a la tercera es que la primera no acabara en discusión.

Poner un límite a tu padre o a tu madre

La clave está en hablar de lo que vas a hacer tú, no de lo que ellos deberían dejar de hacer.

Mamá, cuando hablamos de mi trabajo la conversación acaba mal las dos veces.
A partir de ahora, si empezamos por ahí, voy a cambiar de tema. Y si aun así seguimos, colgaré y te llamo al día siguiente. No es un castigo, es para que podamos seguir hablando.

Por qué funciona: Un límite que empieza por «no me digas» depende de ellos y no se cumple. Uno que empieza por «yo voy a» depende solo de ti. Prepárate para que la primera vez siente mal: es normal y no significa que esté mal puesto.

Volver a hablar con alguien después de mucho tiempo

La barrera casi siempre es la vergüenza por el tiempo pasado. Se salta no mencionándolo apenas.

Me he acordado de ti estos días. ¿Cómo estás?
(Si contesta) Ya sé que hace un montón. ¿Te apetece que nos tomemos algo un día de estos?

Por qué funciona: Nada de justificar la ausencia ni pedir perdón por no haber escrito: eso obliga al otro a gestionar tu culpa. Un mensaje corto y una propuesta concreta.

Pedir hora con tu médico por algo de salud mental

Es la puerta de entrada a la sanidad pública, y mucha gente no sabe cómo plantearlo.

Quería comentarte algo que no es físico. Llevo unos meses con el ánimo muy bajo, durmiendo mal y me está costando el trabajo.
¿Podrías valorarlo y decirme qué opciones hay, incluida la derivación a salud mental?

Por qué funciona: Dices desde el principio de qué va, das tres datos concretos y pides expresamente la derivación. Sin eso, la consulta se puede quedar en «es estrés, descansa».

Un apunte. Si una conversación de estas te da tanta ansiedad que llevas meses aplazándola, el guion ayuda pero probablemente no baste: eso se trabaja, y suele avanzar rápido. Y si lo que necesitas es hablar con alguien hoy, en dónde pedir ayuda tienes los teléfonos: el 024 atiende las 24 horas, gratis y confidencial.

¿Y si quieres trabajarlo con alguien?

Soy Miguel Martínez, psicólogo colegiado nº CV17649. Paso consulta online para toda España y presencial en Valencia. Si esto que cuenta la guía te está pasando de verdad y quieres que alguien mire tu caso, escríbeme y te digo cómo trabajo, sin compromiso.

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