← Volver al laboratorio
🧪 Experimento · Tres minutos

La resurgencia

Cuatro botones y sesenta pulsaciones. Ninguno lleva escrito lo que hace, así que hay que averiguarlo pulsando. Lo que se mira al final no son los puntos.

Una máquina con cuatro botones.

Alguno da puntos. No te digo cuál: se averigua pulsando. Tu objetivo es sumar todos los puntos que puedas en sesenta pulsaciones.

Puedes cambiar de botón cuando quieras y las veces que quieras. Va rápido: son unos tres minutos.

0puntos
0pulsaciones de 60

Pulsa uno y mira qué pasa.

0veces que volviste a A al final
0puntos que sumaste

    Qué acaba de pasar

    Había tres tramos y no te avisé de ninguno. En los veinte primeros, A daba puntos casi siempre y los demás no daban nada. En los veinticinco siguientes, A dejó de darlos del todo y empezó a darlos C. En los quince últimos, ninguno daba nada. Los tramos cambiaban por número de pulsaciones, sin aviso y sin ningún cartel.

    Lo que se miraba era lo del final: qué haces cuando lo nuevo también deja de funcionar. Y lo que suele pasar es que vuelve A. Un botón que llevaba un buen rato sin dar un solo punto, que ya habías dejado de pulsar, y que aparece otra vez de los primeros en cuanto C se cae.

    Eso es la resurgencia. Cuando una conducta deja de dar resultado se va apagando —a eso lo llamamos extinción—, pero no se borra: se queda debajo. Y si la conducta que la sustituyó también deja de dar resultado, la vieja reaparece sola. No la eliges. Vuelve.

    Fíjate en que no hubo ninguna deliberación. Nadie se sienta a decidir «voy a probar A otra vez, que antes iba bien». La mano va sola. Por eso esto se estudia con animales y con personas y sale parecido: no es un razonamiento, es lo que hace la conducta cuando lo nuevo falla.

    Por qué esto importa

    Porque es el mecanismo de buena parte de las recaídas. Alguien deja de fumar y en su lugar aprende otra cosa: salir a andar, llamar a alguien, masticar chicle, lo que sea. Alguien deja de gritar en casa y aprende a irse a otra habitación. Alguien deja de beber los viernes y aprende a quedar de otra manera. Mientras eso nuevo funcione —mientras refuerce, es decir, mientras traiga algo que hace que se repita—, lo antiguo no aparece.

    El problema es lo que pasa cuando lo nuevo deja de dar resultado. Y deja de darlo por cosas normales: llega una temporada de estrés y andar ya no calma nada, la persona a la que llamabas ya no coge el teléfono, cambias de trabajo o de ciudad y el plan de los viernes se deshace. En ese momento el hueco no se queda vacío. Vuelve lo de siempre.

    Esto cambia cómo se lee una recaída. No es que la persona haya tirado por la borda lo aprendido, ni que «en el fondo no quisiera». Es que la alternativa dejó de funcionar y debajo seguía estando lo de antes, como estaba el botón A.

    Qué se hace con esto

    Lo práctico sale casi solo. No basta con quitar la conducta antigua: hay que sostener la alternativa. Es decir, que la nueva siga dando resultado — que no dependa de una sola cosa, ni de una sola persona, ni de que tengas un buen día. Si andar es tu única alternativa y te lesionas el tobillo, te has quedado sin nada.

    Y hay que tenerlo previsto por escrito antes de que pase: qué hago si esto deja de funcionarme, qué otras dos cosas tengo, a quién aviso. No es pesimismo: es que el momento de pensarlo no es el momento en que se cae. Ahí ya no se piensa.

    Lo tercero es cómo te lo cuentas. Una recaída no es haber vuelto al principio. Que reaparezca lo antiguo no borra lo aprendido — lo que ha pasado es que se ha quedado sin combustible. Si te lo tomas como que todo el trabajo no ha servido, lo normal es abandonar la alternativa del todo, y entonces sí. Si te lo tomas como una señal de que hay que reforzar el plan, se recoloca y sigue. Sobre eso hay una guía entera en cuando recaes.

    Para ponerlo en papel. El plan escrito —qué avisos hay, qué hago si la alternativa se cae, a quién llamo— está en el plan de prevención de recaídas. Y para lo otro, para que la conducta nueva se sostenga día a día y se vea, está el rastreador de hábitos.

    De dónde sale esto y qué no es. Epstein, R. (1983). Resurgence of previously reinforced behavior during extinction. Behaviour Analysis Letters, 3, 391–397; y Shahan, T. A. y Sweeney, M. M. (2011). A model of resurgence based on behavioral momentum theory. Journal of the Experimental Analysis of Behavior, 95(1), 91–108, que es el intento de explicar por qué reaparece más o menos según cuánto se reforzó antes. Aquí está hecho con puntos en una pantalla y en tres minutos: no reproduce un experimento de laboratorio —allí hay muchas más sesiones, otras medidas y control de un montón de cosas que aquí no se controlan—, y sobre todo no mide nada de ti. No hay puntuación, ni percentil, ni nada que diagnosticar: que volvieras a A o que no volvieras no dice absolutamente nada sobre ti ni sobre tus recaídas. La página no guarda nada, ni en el navegador ni en ningún servidor.

    Esto era un experimento de dos minutos.

    Ver cómo funciona la cabeza está bien; cambiar algo de lo que te pasa se hace mejor con alguien delante. Soy Miguel Martínez, psicólogo colegiado nº CV17649: trabajo online para toda España y presencial en Valencia.

    Cómo trabajo y cómo pedir cita →