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🧪 Experimento · Dos minutos

El encuadre

Este necesita dos personas. Contesta tú primero y luego mándaselo a alguien: le va a salir el mismo problema contado del revés.

Decide tú.

Un país se prepara para el brote de una enfermedad rara que, si no se hace nada, matará a 600 personas. Hay dos programas posibles y hay que elegir uno. Estas son las estimaciones científicas de lo que pasaría con cada uno.

No le des muchas vueltas: lo que interesa es lo que te sale, no lo que decidirías con una hoja de cálculo.

Los porcentajes son los del estudio original, no los de esta web: no se guarda ni se cuenta nada de lo que respondes aquí.

Qué acaba de pasar

Los dos programas son idénticos en los dos textos. De 600 personas, «se salvan 200» y «mueren 400» son la misma frase. Y sin embargo la gente cambia de opinión según cómo se le cuente: cuando se habla de vidas salvadas, la mayoría se agarra a lo seguro; cuando se habla de vidas perdidas, la mayoría prefiere arriesgar. Lo mismo, del revés.

Por qué pasa. Ante una ganancia segura tendemos a no arriesgar —200 salvados, en la mano—, pero ante una pérdida segura casi cualquiera prefiere jugársela antes que firmar 400 muertes. Lo que cambia no son los números: es qué punto de partida te ponen delante. Y ese punto de partida lo elige quien te cuenta las cosas.

Fuera del ejercicio esto está en todas partes: «te queda el 40 % del tratamiento» o «ya llevas el 60 %»; «he suspendido tres» o «he aprobado seis»; un yogur con «90 % sin grasa» o con «10 % de grasa». Y también dentro de tu cabeza: la misma semana se puede contar como «no he hecho nada de lo que quería» o como «he hecho dos de las cinco cosas». Ninguna de las dos miente. Pero una te deja de pie y la otra no.

Y esto no es «pensar en positivo». Pensar en positivo es decirse algo que no es verdad para sentirse mejor un rato. Esto es otra cosa: elegir cuál de las descripciones verdaderas usas, sabiendo que ninguna es la neutra porque la neutra no existe. Cómo se hace, en hablarte mejor y en el registro de pensamientos.

De dónde sale esto y qué no es. Tversky, A. y Kahneman, D. (1981). The framing of decisions and the psychology of choice. Science, 211(4481), 453–458. Los porcentajes son los de sus problemas 1 y 2 (152 y 155 personas). Aquí se ha quitado el gentilicio del enunciado original, que no aportaba nada; los números y la estructura son los mismos. Esto no mide nada de ti: elegir A o B no es un acierto ni un fallo, y contestar «bien» solo significa que ya conocías el problema.

La ficha, con calma. Dónde aparece esto fuera del experimento y qué se puede hacer con ello: el efecto de encuadre, en la biblioteca de sesgos.

Esto era un experimento de dos minutos.

Ver cómo funciona la cabeza está bien; cambiar algo de lo que te pasa se hace mejor con alguien delante. Soy Miguel Martínez, psicólogo colegiado nº CV17649: trabajo online para toda España y presencial en Valencia.

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