La tarea 2-4-6
Tengo una regla en la cabeza y este trío la cumple: 2, 4, 6. Averigua cuál es. Lo interesante no va a ser la regla — va a ser qué tríos se te ocurre probar.
Tengo una regla en la cabeza.
Algunos grupos de tres números la cumplen y otros no. Este los cumple: 2, 4, 6. Tu trabajo es averiguar cuál es la regla. Puedes probar todos los tríos que quieras: yo te digo si cumplen o no. Números enteros del −999 al 999; valen los negativos y el cero.
Aquí van saliendo tus pruebas. Prueba los tríos que quieras, no hay límite ni prisa.
0 pruebas · 0 que cumplen
Escríbela con tus palabras, como se la dirías a alguien.
Tres números en orden creciente. Nada más: el primero menor que el segundo y el segundo menor que el tercero. Ni pares, ni de dos en dos, ni nada.
Tu regla la has escrito tú y esta página no la puede leer: aquí no hay nadie corrigiendo nada ni se envía tu texto a ningún sitio. Compárala tú con la de arriba y dime qué tal.
Tus pruebas, otra vez
Va marcada como prueba de descarte la que no encajaba con la hipótesis de siempre —de dos en dos, o pares crecientes—; es decir, la que podía salirte «no cumple». Las demás iban buscando un sí.
Qué acaba de pasar
Casi todo el mundo se hace una hipótesis en los primeros treinta segundos: «van de dos en dos», «son pares». Y a partir de ahí prueba tríos que la cumplen. 8, 10, 12. 20, 22, 24. 100, 102, 104. Cada uno vuelve con un «cumple» y cada «cumple» deja la idea un poco más firme.
El problema es que ninguno de esos tríos podía salir «no cumple». Todos encajaban con la hipótesis y todos encajaban también con la regla de verdad, que es mucho más amplia. Así que no estaban comprobando nada: estaban repitiendo lo mismo con números distintos. Eso es el sesgo de confirmación — buscar lo que encaja con lo que ya piensas y no lo que lo pondría en duda.
Dónde aparece esto fuera del ejercicio
En cuanto sales de aquí está por todas partes. Buscas los síntomas en internet escribiendo justo lo que ya temes, y encuentras justo lo que ya temías. Miras el móvil de tu pareja solo cuando ya sospechas, y cada mensaje raro cuenta y los otros doscientos no. Recuerdas las tres veces que hablar salió mal y no las quince que salió bien. Lees y escuchas a quien piensa como tú, y sales pensando que casi todo el mundo piensa así.
Y en terapia aparece a diario. «Le caigo mal a todo el mundo» se sostiene sola mientras solo se miren los datos que encajan: el que no te saludó, la que tardó en contestar. Los otros —la llamada del jueves, la conversación de veinte minutos en el pasillo— no es que se nieguen, es que ni siquiera se miran. La idea no es que sea mentira: es que nunca se ha puesto a prueba.
Cómo se pone a prueba una idea
Igual que aquí: buscando el trío que podría dejarte sin ella. Se coge la idea, se escribe qué tendría que pasar para que fuera falsa, y se va a mirar. La hoja para hacerlo está en el experimento conductual, que es exactamente eso pero con lo tuyo en vez de con números. Y el trabajo más de andar por casa —pillar el pensamiento, escribir qué lo apoya y qué no— está en el registro de pensamientos.
De dónde sale esto y qué no es. Wason, P. C. (1960). On the failure to eliminate hypotheses in a conceptual task. Quarterly Journal of Experimental Psychology, 12(3), 129–140. Wason se lo puso a 29 estudiantes con este mismo trío de partida y esta misma regla amplia. Solo unos pocos dieron con ella en su primer anuncio: la mayoría anunció reglas demasiado estrechas, y varios lo hicieron dos y tres veces seguidas, cambiando de regla equivocada sin llegar a probar nada que pudiera quitársela. Esto no mide nada de ti: no hay puntuación, ni percentil, ni nada que diagnosticar. Y dar con la regla suele significar sobre todo que ya conocías el problema.
Esto era un experimento de dos minutos.
Ver cómo funciona la cabeza está bien; cambiar algo de lo que te pasa se hace mejor con alguien delante. Soy Miguel Martínez, psicólogo colegiado nº CV17649: trabajo online para toda España y presencial en Valencia.
Cómo trabajo y cómo pedir cita →