Investigadores analizaron cómo el prestigio y la dominancia—dos formas diferentes de alcanzar estatus social—afectan el comportamiento en comunidades. En cuatro pueblos colombianos, pidieron a casi 500 personas que identificaran a individuos prestigiosos (quienes aportan beneficios) y dominantes (quienes imponen costes), y participaron en juegos económicos que medían cooperación, explotación y castigo.
Los resultados fueron claros: las personas prestigiosas recibieron más transferencias cooperativas, fueron más confiadas y sufrieron menos castigo o explotación. En cambio, las personas dominantes obtuvieron un resultado contradictorio: tuvieron más amigos y recibieron cooperación, pero fueron más temidas, desconfiadas y fueron blanco preferente de castigo y explotación.
Esto sugiere que en comunidades reales, la dominancia es una estrategia precaria y costosa a largo plazo. El prestigio—basado en la capacidad de beneficiar a otros—parece más rentable socialmente que intentar imponerse por la fuerza o la intimidación.