Investigadores británicos plantearon una pregunta fundamental: ¿bastaba que una máquina se comportara como un humano para que la viéramos como consciente? Para responderla, realizaron cinco experimentos con más de 1.000 participantes que leyeron escenarios donde humanos o sistemas artificiales respondían de formas variadas a su entorno (aspectos espaciales, sociales y temporales).
Los resultados mostraron un patrón claro: aunque una máquina reaccionara exactamente igual que una persona ante los mismos estímulos, los participantes atribuían más conciencia al humano. Sin embargo, con el concepto de "conciencia" ocurría algo diferente: la "awareness" (consciencia de estar alerta) sí aumentaba proporcionalmente con el comportamiento responsivo, tanto en máquinas como en humanos.
Esto sugiere que usamos reglas distintas para conceptos mentales diferentes. La conciencia parece depender de *qué somos* (esencialismo), mientras que la consciencia de estar alerta depende de *qué hacemos* (funcionamiento). En la práctica, esto explica por qué podemos reconocer que una IA responde adecuadamente sin creer que realmente "siente" o "existe" como tal.