Investigadores reclutaron a 218 jóvenes y los dividieron en dos grupos: uno redujo su uso de redes sociales a una hora diaria durante tres semanas, mientras el otro continuó sin restricciones. Los participantes fueron evaluados con escalas validadas (CES-D para depresión y GAD-7 para ansiedad) tanto al inicio como después del período de intervención. El 75% llegó con síntomas depresivos elevados y el 46% con síntomas ansiosos significativos.
El resultado principal fue que los jóvenes que partían con ansiedad clínicamente relevante mostraron reducciones en ansiedad mucho mayores después de limitar las redes sociales, en comparación con los que tenían síntomas menores. Este beneficio fue estadísticamente significativo y además tuvo relevancia clínica real. En cambio, para los síntomas depresivos, la severidad inicial no predijo quién se beneficiaría más, aunque la depresión mejoró en general en el grupo de intervención.
Esto sugiere que reducir el consumo de redes sociales podría ser especialmente útil como parte del tratamiento de trastornos de ansiedad en adolescentes, aunque los efectos sobre la depresión necesitan más investigación. No es una solución única, pero el estudio aporta evidencia sólida de que la relación causal entre redes y ansiedad es más fuerte de lo que se creía.