Un equipo de investigadores analizó mediante encuesta a 1.060 prisioneros de guerra rusos para entender cómo la creencia en la propaganda estatal se relaciona con su motivación para combatir. Los resultados mostraron que quienes creían más en las narrativas oficiales tenían menor probabilidad de rendirse voluntariamente y mayores intenciones de reenlistarse después de su liberación.
Los análisis revelaron que el factor psicológico clave no era la identidad nacional o la deshumanización del enemigo, sino algo más específico: la percepción de que la guerra es legítima y justificada. Esta creencia en la legitimidad de la operación militar era el principal mediador entre la aceptación de propaganda y la intención de seguir luchando.
En la práctica, esto sugiere que para reducir la motivación de combate y favorecer procesos de desradicalización, no basta con atacar sentimientos de odio o lealtad ciega. Lo realmente relevante es cuestionar la narrativa de legitimidad de la guerra misma. Los hallazgos subrayan el poder de las narrativas en mantener los conflictos vivos.