Investigadores siguieron a 216 estudiantes internacionales en una universidad japonesa desde su llegada hasta completar un año de estancia. Les pasaron cuestionarios al inicio y después de 12 meses, midiendo síntomas de estrés psicológico, duración del sueño, ideación suicida y disponibilidad de apoyo social.
Los resultados mostraron que el malestar psicológico no cambió significativamente en ese período (el 1,9% presentaba estrés severo al inicio). Sin embargo, sí observaron cambios importantes: aumentó el tiempo de sueño los fines de semana, disminuyó durante la semana, redujeron el número de personas en las que podían confiar, pero mejoraron las relaciones interpersonales (menos tensión).
Un hallazgo particular fue que dormir más los fines de semana se asoció con repetir curso. Los autores sugieren que monitorizar cambios en el sueño y en las relaciones sociales podría ayudar a las universidades a identificar estudiantes que necesitan apoyo académico y emocional temprano.