Un estudio con más de 14.000 adolescentes chinos analizó cómo la implicación de las familias en el deporte se relaciona con comportamientos prosociales (ayuda, empatía, cooperación). Los investigadores identificaron cuatro patrones distintos: familias desvinculadas, con implicación moderada, que solo "dan ejemplo", e intensamente apoyadoras. Las tres últimas mostraban adolescentes más prosociales que la primera.
El mecanismo detrás de estos resultados es psicológico: la implicación familiar en deporte aumenta la motivación autónoma del adolescente (actuar por genuino interés), fortalece su autoeficacia (creer en sus capacidades) y lo anima a hacer más ejercicio. La autoeficacia resultó ser el factor más importante, explicando entre el 75 y 83% del efecto beneficioso.
Un hallazgo crucial fue que el estatus socioeconómico familiar potencia estos beneficios, pero solo en familias intensamente apoyadoras. En otras palabras: el dinero ayuda, pero lo que realmente transforma es que los padres apoyen la autonomía del joven en actividades deportivas, independientemente de sus recursos. Esto abre una vía realista para reducir desigualdades mediante intervenciones dirigidas a los padres.