Un equipo de investigadores evaluó cómo un programa educativo de 8 meses podía cambiar las actitudes de estudiantes universitarios hacia personas con discapacidad intelectual, psicológica o del desarrollo. El programa combinaba dos tipos de contacto: enseñanza teórica sobre discapacidad (contacto indirecto) y participación en sesiones de actividad física adaptada junto a personas con discapacidad (contacto directo). Los 39 estudiantes completaron evaluaciones en cuatro momentos distintos.
Los resultados mostraron que la ansiedad entre grupos disminuyó significativamente después de la intervención y se mantuvo baja en el seguimiento posterior. Curiosamente, quienes ya tenían más contacto previo o intención de trabajar en el sector mostraban menos ansiedad inicial, pero esto no cambió cómo respondían al programa a lo largo del tiempo.
Esto sugiere que combinar educación teórica con experiencias reales de contacto es una estrategia efectiva para reducir prejuicios. Para futuras profesionales de la educación, pasar tiempo real con personas con discapacidad parece ser clave para normalizar la relación y disminuir la incomodidad inicial.