Un equipo internacional de más de 100 investigadores, incluyendo académicos indígenas y no occidentales, realizó un estudio registrado con 901 participantes que hablaban 30 idiomas diferentes. El objetivo era verificar si la sincronización musical realmente facilita el vínculo social, una hipótesis que venía siendo estudiada principalmente en contextos occidentales y que algunos cuestionaban por su validez transcultural.
Los resultados fueron claros: cantar en grupo generó vínculos sociales significativamente más fuertes que simplemente hablar juntos. Este hallazgo se mantuvo consistente a través de las diferentes culturas y lenguas estudiadas, lo que sugiere que el efecto de la música en la cohesión grupal no es exclusivo de sociedades occidentales.
Este trabajo subraya dos ideas clave: primero, que la música juega un papel evolutivo importante en la conexión humana; segundo, que incluir perspectivas indígenas y no occidentales en la investigación psicológica no solo es éticamente importante, sino que mejora la calidad y generalización de nuestros hallazgos científicos.