Cuando estás metido en un divorcio o un juicio
Por Miguel Martínez, psicólogo · Colegiado nº CV17649
Seis herramientas para los meses de proceso, que desgastan más que cualquier día concreto.
¿Prefieres guardarla o imprimirla? Descárgala en PDF para tenerla a mano.
Seis herramientas
Herramienta 1
Esto es una carrera de fondo, no un sprint
Un proceso puede durar meses o años, y la gente entra con la energía de aguantar tres semanas. Cuando se alarga, el desgaste no viene de ninguna vista concreta: viene de vivir en alerta todo el tiempo.
Herramienta 2 · La que recupera el resto del día
Ponle un rato al asunto, y fuera de ese rato no existe
Sin horario, el tema ocupa el día entero: mensajes al abogado a las once de la noche, releer conversaciones, ensayar respuestas en la ducha. Y eso no adelanta nada del proceso.
Herramienta 3
Que la comunicación sea aburrida y por escrito
Cada mensaje con reproche alimenta el conflicto y, además, puede acabar leído por gente ajena. La comunicación gris —hechos, fechas, logística— desactiva más que cualquier argumento ganador.
Herramienta 4
A los hijos, ni de mensajeros ni de jueces
Es el daño más evitable de todos. Preguntarles qué hace el otro, contarles lo que ha pasado o mandar recados a través de ellos les pone en medio de una guerra que no es suya.
Herramienta 5
Separa lo legal de lo emocional, que no se resuelven igual
Mucha gente espera que la sentencia le dé la razón moral, y no sirve para eso: reparte bienes y tiempos. Confundirlas lleva a pelear cosas que salen carísimas y no reparan nada.
Herramienta 6
No te quedes solo con quien te dice lo que quieres oír
En estos procesos es fácil rodearse únicamente de gente que alimenta el enfado. Sienta bien un rato y te deja peor: te mantiene ahí meses.
¿Y si quieres trabajarlo con alguien?
Soy Miguel Martínez, psicólogo colegiado nº CV17649. Paso consulta online para toda España y presencial en Valencia. Si esto que cuenta la guía te está pasando de verdad y quieres que alguien mire tu caso, escríbeme y te digo cómo trabajo, sin compromiso.
Cómo trabajo y cómo pedir cita →