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📎 Guía gratuita · Familia

Pantallas y adolescentes en casa

Por Miguel Martínez, psicólogo · Colegiado nº CV17649

Seis herramientas para cuando en casa se discute cada día por el móvil, y ni las broncas ni quitárselo están cambiando nada.

Ilustración: el ratón de Psicolinks junto a una casa con la ventana encendida
La idea de fondo. La discusión de las horas está mal planteada, y por eso no se gana nunca. Lo que de verdad predice si el móvil está haciendo daño no es el total, es qué se está quedando fuera: el sueño, las comidas, los amigos en persona, el estudio, el movimiento. Empieza por proteger eso —el sueño primero, que es lo que más se nota— con normas pocas, pactadas, escritas y que valgan también para los adultos de la casa. Y habla de lo que ve, no solo de cuánto mira.

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Seis herramientas

Herramienta 1

Discutir por el tiempo total no lleva a ninguna parte

Las peleas por «las horas» acaban siempre igual, porque el número no dice nada. No es lo mismo hablar con amigos, ver series, jugar en equipo o mirar vídeos solo a las dos de la mañana.

Hazlo así: cambia la conversación: en vez de cuántas horas, hablad de qué se queda fuera. Si duerme, come, estudia, ve a sus amigos en persona y hace algo de deporte, el tiempo restante importa mucho menos.

Herramienta 2 · La que más cambia las cosas

Protege el sueño antes que nada

Es lo que más se nota y lo que más se sostiene con evidencia: el móvil por la noche recorta horas de sueño, y con sueño recortado empeoran el ánimo, la concentración y el carácter. Muchos «problemas de pantallas» son en realidad problemas de sueño.

Hazlo así: norma innegociable y para toda la casa, adultos incluidos: los móviles cargan fuera de las habitaciones a partir de una hora fija. Que sea para todos quita la mitad de la discusión.

Herramienta 3

Normas pactadas, escritas y pocas

Las normas impuestas de golpe duran hasta el primer enfado. Las pactadas se cumplen más, y las escritas evitan la discusión diaria sobre lo que se dijo.

Hazlo así: sentaos una tarde tranquila y acordad tres o cuatro normas: hora de guardar, comidas sin móvil, qué pasa los findes y qué consecuencia hay si no se cumple. Escritas y a la vista.

Herramienta 4

No quites el móvil como castigo por todo

Cuando el móvil se convierte en la moneda de todos los castigos, deja de tener que ver con las pantallas y se vuelve el campo de batalla de cualquier conflicto. Además, a esa edad el móvil es buena parte de su vida social.

Hazlo así: que las consecuencias tengan que ver con lo ocurrido, y reserva la retirada del móvil para lo que sea de móvil. Y avisada antes, no improvisada en caliente.

Herramienta 5

Habla de lo que ve, no solo de cuánto

Lo que más pesa no suele ser el rato: es la comparación constante, los cuerpos filtrados, los grupos donde se excluye a alguien o lo que le llega sin buscarlo.

Hazlo así: pregunta con curiosidad y sin sermón: qué le está gustando, qué cuentas sigue, si ha visto algo desagradable, si en algún grupo se está metiendo con alguien. Y explícale que puede contarte lo gordo sin que le quites el móvil por contarlo.

Herramienta 6

Mira tu propio móvil

Es la parte incómoda: cuesta poner normas de pantallas con el móvil en la mano en la cena. Los adolescentes lo detectan al segundo y ahí se cae toda la autoridad del asunto.

Hazlo así: aplícate las mismas normas a la vista: sin móvil en la mesa, sin móvil en la habitación de noche. Vale más que cualquier discurso.
Cuándo preocuparse de verdad. Si ha dejado de ver a sus amigos, ha bajado en picado en los estudios, duerme fatal, está muy irritable o triste, o hay señales de acoso en línea, ya no es una cuestión de normas: hay algo debajo que conviene mirar. Tienes las guías «Tu hijo adolescente lo está pasando mal» y «Autolesiones en adolescentes».

¿Y si quieres trabajarlo con alguien?

Soy Miguel Martínez, psicólogo colegiado nº CV17649. Paso consulta online para toda España y presencial en Valencia. Si esto que cuenta la guía te está pasando de verdad y quieres que alguien mire tu caso, escríbeme y te digo cómo trabajo, sin compromiso.

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