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📎 Guía gratuita · Autoestima

No me gusta mi cuerpo

Por Miguel Martínez, psicólogo · Colegiado nº CV17649

Seis herramientas para cuando el espejo decide cómo va tu día, y para las semanas en las que hay playa, piscina o fotos por delante.

Ilustración: el ratón de Psicolinks junto a un espejo de mano
La idea de fondo. La imagen corporal no empeora por cómo es el cuerpo, sino por dos hábitos que se instalan sin que nadie los decida: comprobar —mirarse, tocarse, pesarse, hacerse fotos— y comparar. Los dos calman unos segundos y dejan la duda intacta, así que hay que repetirlos, y cada repetición los hace más fuertes. La tercera pata es evitar: cada plan que se rechaza confirma que hay algo que esconder. El trabajo va justo por ahí, y no por convencerte de que estás estupendo.

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Seis herramientas

Herramienta 1

Cuenta las veces que te miras, no lo que ves

La imagen corporal empeora sobre todo por dos hábitos: comprobar y comparar. Mirarse veinte veces al día no da información nueva; da veinte oportunidades de encontrar algo que no gusta.

Hazlo así: apunta durante tres días cada vez que te miras al espejo, te haces una foto o te tocas una parte del cuerpo para comprobar. El número suele sorprender.

Herramienta 2 · La que más resultado da

Corta las comprobaciones, una a una

Cada comprobación calma diez segundos y deja la duda intacta, así que hay que repetirla. Es el mismo mecanismo de cualquier ritual de ansiedad.

Hazlo así: elige la más frecuente y ponle un tope: dos veces al día, en un momento concreto. Cuando aguante una semana, la siguiente. No se quitan todas de golpe.

Herramienta 3

Deja de evitar, o el cuerpo se hace más grande en tu cabeza

No ir a la playa, no salir en fotos, no quitarte la camiseta, taparte siempre. Cada evitación confirma que hay algo que esconder, y al mes siguiente cuesta más.

Hazlo así: haz la lista de lo que estás evitando y ordénala de más fácil a más difícil. Una cada semana, y quedándote hasta que la incomodidad baje sola.

Herramienta 4

Las redes no son una comparación: son un escaparate

Te comparas con fotos elegidas entre cien, con luz buena, postura ensayada y filtro. Es una comparación imposible que además nadie gana, ni la persona de la foto.

Hazlo así: silencia durante dos semanas las cuentas que te dejan peor. No hace falta anunciarlo ni dejar la red: basta con dejar de verlas y notar la diferencia.

Herramienta 5

Habla de tu cuerpo como le hablarías a alguien que quieres

El discurso interno sobre el propio cuerpo suele ser de una dureza que no le dirías a nadie. Y no motiva: hunde, y de ahí no sale ningún cambio sostenido.

Hazlo así: cuando te pilles diciéndotelo, reformúlalo como se lo dirías a tu mejor amiga en esa misma situación. No es autoengaño: es dejar de usar un lenguaje que no usarías con nadie más.

Herramienta 6

Cambia el objetivo: de cómo se ve a qué te deja hacer

Mientras la meta sea la forma, el espejo manda. Si la meta es lo que el cuerpo te permite hacer, la referencia deja de ser una imagen.

Hazlo así: ponte un objetivo de función, no de forma: subir las escaleras sin ahogarte, aguantar un paseo largo, dormir mejor. Se nota antes y no depende de un espejo.
Cuándo pedir ayuda. Si esto te condiciona el día a día, si has dejado de hacer planes por ello, o si va acompañado de saltarte comidas, vomitar, hacer ejercicio a la fuerza o pesarte varias veces al día, eso ya no es un problema de imagen: pide ayuda profesional cuanto antes, y tiene buen tratamiento. En España, la Asociación Alianza Nacional para los Trastornos de la Alimentación y tu médico de cabecera son buenos primeros pasos.

¿Y si quieres trabajarlo con alguien?

Soy Miguel Martínez, psicólogo colegiado nº CV17649. Paso consulta online para toda España y presencial en Valencia. Si esto que cuenta la guía te está pasando de verdad y quieres que alguien mire tu caso, escríbeme y te digo cómo trabajo, sin compromiso.

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