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📎 Guía gratuita · Familia

Mi hijo adolescente me contesta mal

Por Miguel Martínez, psicólogo · Colegiado nº CV17649

Seis herramientas para las contestaciones, los portazos y las conversaciones que acaban a gritos sin que nadie sepa muy bien cómo han empezado.

Ilustración: el ratón de Psicolinks junto a una casa con la ventana encendida
La idea de fondo. Una contestación busca respuesta, y darla en caliente es lo que convierte un comentario en una pelea de veinte minutos. Lo que funciona es aburrido: una frase corta, retirarse, y volver de verdad media hora después. Lo segundo que más cambia el clima de una casa es reducir el número de normas: cuando todo se discute, se discute todo el día. Y lo tercero, que casi nadie hace: que el adolescente te vea alguna vez sin que le estés pidiendo nada.

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Seis herramientas

Herramienta 1

No entres al trapo en caliente

La contestación busca respuesta, y en el momento no hay nadie disponible para razonar: ni él ni tú. Todo lo que se diga en los tres minutos siguientes empeora la escena.

Hazlo así: una frase corta y te retiras: «así no. Luego hablamos». Y te vas de la habitación. Retirarse no es perder: es no darle público a la escena.

Herramienta 2 · La que hace que funcione

Vuelve después, siempre

Si «luego hablamos» no llega nunca, deja de funcionar a la tercera. Lo que hace que la retirada tenga efecto es que la conversación llega de verdad, en frío.

Hazlo así: media hora después, sentado, sin público y sin repasar todo el historial: «lo de antes no lo quiero en casa. ¿Qué pasaba?». Una cosa, no diez.

Herramienta 3

Pocas normas, y las que haya, firmes

Cuando todo se discute, se discute todo el día. Con tres o cuatro normas innegociables y el resto abierto a negociación, las peleas bajan solas.

Hazlo así: elige las tres que de verdad no se tocan —normalmente seguridad, respeto y colegio— y suelta el resto. Lo demás se negocia, y negociar a esa edad enseña más que ganar.

Herramienta 4

Habla de al lado, no de frente

Sentarse cara a cara a «tener una conversación» activa la alarma. En el coche, fregando o caminando, hablan mucho más, y es un fenómeno bien conocido.

Hazlo así: busca un rato de al lado por semana, sin interrogatorio. La información que aparece ahí no aparece en ninguna conversación formal.

Herramienta 5

Que te vea alguna vez sin estar corrigiendo

Si el 90% de las interacciones son corrección —recoge, estudia, deja el móvil—, tú te conviertes en el aviso, y a los avisos se les contesta mal.

Hazlo así: busca un rato al día que no lleve ninguna petición dentro. Cinco minutos valen. Es lo que hace que el resto de las conversaciones sean posibles.

Herramienta 6

Distingue borde de que algo va mal

Contestar mal, cerrar la puerta y querer estar solo es la edad. Dejar de ver a sus amigos, dejar de hacer lo que le gustaba, no dormir o hacerse daño no lo es.

Hazlo así: si ves eso segundo, no lo trates como una fase: habla con él sin dramatismo y consulta con vuestro médico. La guía de ayudar a un hijo adolescente lo desarrolla.
Cuándo pedir ayuda. Si en casa ya no hay conversación posible, si hay agresiones —de él o vuestras—, o si ves que se apaga: deja de dormir, deja de ver a sus amigos, deja de hacer lo que le gustaba o se hace daño. Eso no es la edad y conviene consultarlo pronto, con vuestro médico o con un psicólogo. Si en algún momento aparecen ideas de suicidio, el 024 atiende las 24 horas.

¿Y si quieres trabajarlo con alguien?

Soy Miguel Martínez, psicólogo colegiado nº CV17649. Paso consulta online para toda España y presencial en Valencia. Si esto que cuenta la guía te está pasando de verdad y quieres que alguien mire tu caso, escríbeme y te digo cómo trabajo, sin compromiso.

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