Poner límites a tus padres siendo adulto
Por Miguel Martínez, psicólogo · Colegiado nº CV17649
Seis herramientas para cuando cada visita acaba mal, opinan de todo o sales de sus llamadas con un peso raro, y no quieres romper la relación pero así no puedes seguir.
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Seis herramientas
Herramienta 1
Un límite es lo que vas a hacer tú
La mayoría de los intentos fracasan porque en realidad son peticiones de cambio: «no me critiques», «no te metas». Eso depende de ellos, y por eso no se cumple. Un límite depende de ti.
Herramienta 2 · La del momento
No lo negocies en caliente ni por sorpresa
Los límites puestos en mitad de una discusión suenan a ataque y se convierten en el tema. Puestos en frío suenan a información.
Herramienta 3
Prepárate para la reacción, que va a haber
Cuando alguien cambia las reglas de una relación de treinta años, lo normal es que el otro proteste, se ofenda o se ponga triste. Eso no significa que estés haciendo daño ni que te hayas pasado: significa que ha cambiado algo.
Herramienta 4
La culpa no es la señal de que te has equivocado
Casi todo el mundo siente culpa al poner el primer límite a un padre o una madre, incluso cuando el límite es razonable. La culpa aparece porque estás haciendo algo nuevo, no porque esté mal.
Herramienta 5
Elige tus batallas y baja el listón
Intentar que cambien de opinión, de carácter o de modales suele ser una guerra perdida. Lo que sí puedes cambiar es cuánto tiempo pasas, dónde, con quién delante y de qué temas se habla.
Herramienta 6
Distancia no es ruptura
Entre la relación de siempre y no hablarse hay muchísimo espacio: menos frecuencia, visitas más cortas, verse en terreno neutral, hablar de menos temas. Casi nadie necesita la opción radical.
¿Y si quieres trabajarlo con alguien?
Soy Miguel Martínez, psicólogo colegiado nº CV17649. Paso consulta online para toda España y presencial en Valencia. Si esto que cuenta la guía te está pasando de verdad y quieres que alguien mire tu caso, escríbeme y te digo cómo trabajo, sin compromiso.
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