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Leer un metaanálisis y una revisión

Cuando quieres saber "¿esto funciona de verdad?", un solo estudio no basta: puede haber salido así por azar, por una muestra rara o por cómo se hizo. Las revisiones sistemáticas y los metaanálisis juntan muchos estudios para dar una respuesta más sólida. Son de lo más útil que puedes leer, pero también hay que mirarlos con criterio. Aquí va cómo.

1. Revisión sistemática vs. metaanálisis

No son lo mismo. Una revisión sistemática busca de forma exhaustiva y con un método explícito todos los estudios sobre una pregunta, los evalúa y los resume. Un metaanálisis va un paso más: además de reunirlos, combina estadísticamente sus resultados en una única estimación. Todo metaanálisis serio parte de una revisión sistemática; no toda revisión termina en metaanálisis (a veces los estudios son demasiado distintos para juntarlos).

2. Mira primero cómo se hizo la búsqueda

La calidad de una revisión depende de que no se haya dejado estudios fuera. Comprueba que declaran qué bases de datos buscaron, con qué criterios incluyeron y excluyeron estudios, y que lo hicieron dos revisores por separado. Si además sigue la guía PRISMA y estaba prerregistrada (por ejemplo en PROSPERO), es buena señal: reduce que hayan elegido a dedo lo que les convenía.

3. El tamaño del efecto: ¿cuánto, no solo si?

El resultado central de un metaanálisis no es "sí o no", es cuánto: el tamaño del efecto combinado. Verás medidas como d de Cohen o g de Hedges (para diferencias entre grupos) u odds ratio / riesgo relativo (para probabilidades). Como orientación, una d en torno a 0,2 es un efecto pequeño, 0,5 mediano y 0,8 grande. Fíjate en el intervalo de confianza: si es muy ancho o cruza el "no efecto", la conclusión es frágil.

Ejemplo: d = 0,45 [IC 95%: 0,30–0,60] — efecto moderado y bastante preciso. d = 0,45 [IC 95%: −0,05–0,95] — mismo valor, pero el intervalo cruza el cero: no puedes descartar que no haya efecto.

4. La heterogeneidad: ¿comparan peras con manzanas?

Un metaanálisis junta estudios distintos, y conviene saber cuánto varían entre sí. Ese dato es la heterogeneidad, que se suele resumir con el estadístico : cuanto más alto (por encima del 50–75%), más dispares son los resultados y con más cuidado hay que tomarse el número combinado. Una heterogeneidad alta no invalida la revisión, pero obliga a preguntarse en quién y en qué condiciones funciona, no solo "si funciona".

5. El sesgo de publicación

Los estudios con resultados llamativos se publican más que los que "no encuentran nada". Eso puede inflar el efecto de un metaanálisis. Los buenos lo revisan: busca menciones al funnel plot (gráfico en embudo) o a pruebas como la de Egger. Si detectan sesgo de publicación, el efecto real probablemente sea más pequeño de lo que sale.

6. La jerarquía de la evidencia (con matices)

No toda evidencia pesa igual. De forma orientativa, de menos a más fuerza: opinión de expertos y casos aislados < estudios observacionales < ensayos controlados aleatorizados (ECA) < revisiones sistemáticas y metaanálisis de ECA. Por eso una revisión Cochrane bien hecha vale más que un estudio suelto. El matiz: una revisión de estudios malos sigue siendo débil ("basura entra, basura sale"), así que la jerarquía orienta, pero no sustituye a mirar la calidad.

En resumen. Ante una revisión o metaanálisis, pregúntate: ¿buscaron bien y sin sesgar la selección? ¿cómo de grande es el efecto y cómo de preciso? ¿los estudios eran comparables (heterogeneidad)? ¿hay sesgo de publicación? Con esas cuatro preguntas ya lees con criterio profesional. Para lo previo, tienes «Leer un paper sin perderte» y «Interpretar la estadística»; y dónde encontrarlos, en «Recursos gratuitos de psicología».

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