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📎 Guía gratuita · Ánimo

La envidia: qué hacer con ella

Por Miguel Martínez, psicólogo · Colegiado nº CV17649

Seis herramientas para cuando el éxito de otros te deja mal cuerpo, te da vergüenza reconocerlo y te está enfriando alguna relación que te importa.

Ilustración: el ratón de Psicolinks junto a una nube de lluvia con un sol detrás
La idea de fondo. La envidia tiene mala prensa y por eso se lleva en secreto, que es la peor forma de llevarla. Vista de cerca es bastante menos siniestra: señala lo que quieres y no tienes. Ahí hay dos caminos. Si la usas como brújula —qué es exactamente lo que envidio, qué paso doy esta semana— sirve de algo. Si se convierte en desear que al otro le vaya mal, ya no habla de lo que quieres y solo te desgasta a ti.

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Seis herramientas

Herramienta 1

La envidia es información, no un defecto moral

Casi todo el mundo la siente y casi nadie la admite, así que se vive en secreto y con vergüenza añadida. Pero señala algo útil: lo que envidias suele ser lo que quieres y no estás teniendo.

Hazlo así: cuando aparezca, pregúntate qué es exactamente lo que envidias. Rara vez es la persona entera: es su tiempo libre, su seguridad, su relación, su tranquilidad económica.

Herramienta 2 · La que más ordena

Distingue envidia de resentimiento

Una cosa es «quiero eso» y otra «ojalá lo pierda». La primera empuja; la segunda solo amarga, y además no te acerca ni un milímetro a lo que quieres.

Hazlo así: fíjate hacia dónde va tu cabeza. Si estás deseando que al otro le vaya mal, eso ya no habla de lo que quieres: habla de lo que duele. Y eso se trabaja aparte.

Herramienta 3

Recorta la exposición

Las redes son una máquina de comparación: ves el resultado de los demás sin el proceso, y comparas tu día normal con su mejor momento. No es fuerza de voluntad, es diseño.

Hazlo así: silencia sin remordimiento las cuentas que te dejan mal cada vez. No hace falta dejar de seguir a nadie ni dar explicaciones: silenciar basta y no se nota.

Herramienta 4

Compárate contigo, no con la foto de otro

La comparación no se puede apagar, pero sí redirigir. Contra ti mismo hace de termómetro; contra los demás, de martillo.

Hazlo así: la pregunta útil es «¿estoy mejor que hace un año en esto que me importa?». Si no sabes contestar, es que no estás midiendo nada, y ahí es donde la comparación con otros llena el hueco.

Herramienta 5

Conviértela en un paso concreto

La envidia se apaga bastante cuando dejas de mirar y empiezas a moverte, aunque el movimiento sea pequeño.

Hazlo así: coge lo que envidias y saca de ahí una acción de esta semana. Si envidias su tiempo libre, mira qué puedes soltar; si su forma física, apunta un día concreto de deporte. Una acción, no un plan.

Herramienta 6

Que no se te note en la relación

La envidia mal llevada se cuela en el trato: el comentario ácido, el desinterés cuando cuenta algo bueno, la distancia sin explicar. Y se pierde gente por esto sin llegar a decir nunca lo que pasaba.

Hazlo así: si es alguien que te importa, alégrate en voz alta aunque por dentro escueza. Y si la relación se te está haciendo cuesta arriba, espacia el contacto un tiempo en vez de dejar que se pudra.
Cuándo mirarlo más de cerca. Si la comparación te ocupa gran parte del día, si has ido dejando de ver a gente por no oír cómo les va, o si aparece junto a una autoestima muy tocada, merece la pena trabajarlo: normalmente lo que hay debajo no es la envidia, es lo que te estás diciendo sobre ti. Tienes las guías «Deja de compararte» y «Mejorar tu autoestima».

¿Y si quieres trabajarlo con alguien?

Soy Miguel Martínez, psicólogo colegiado nº CV17649. Paso consulta online para toda España y presencial en Valencia. Si esto que cuenta la guía te está pasando de verdad y quieres que alguien mire tu caso, escríbeme y te digo cómo trabajo, sin compromiso.

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