← Todas las guías
📎 Guía gratuita · Familia

Hablar de drogas y alcohol con tu hijo

Por Miguel Martínez, psicólogo · Colegiado nº CV17649

Seis herramientas para la conversación que más se teme y que peor suele plantearse.

Ilustración: el ratón de Psicolinks junto a una casa con la ventana encendida
La idea de fondo. Dos errores hunden esta conversación antes de empezar. El primero es el formato: la charla solemne en el salón no funciona, activa la puerta de salida; lo que cala son conversaciones cortas, repetidas y a propósito de algo que ha salido. El segundo es exagerar: si le dices que un porro le va a arruinar la vida y él ve que sus amigos fuman y siguen aprobando, pierdes credibilidad también para lo que sí es grave, y a partir de ahí ya no te pregunta nada. Y lo que más noches salva no es ninguna charla: es tener acordado que puede llamarte a cualquier hora para que le recojas, sin bronca esa noche.

¿Prefieres guardarla o imprimirla? Descárgala en PDF para tenerla a mano.

Seis herramientas

Herramienta 1 · La que cambia el formato

La charla solemne no funciona; las conversaciones cortas sí

Sentar al adolescente en el salón para «tener una conversación» activa la puerta de salida antes de empezar. Lo que sí cala son conversaciones cortas, repetidas y a propósito de algo: una noticia, una serie, alguien del barrio.

Hazlo así: aprovecha lo que salga y suéltalo en dos frases, sin sermón. Diez conversaciones de un minuto valen más que una de una hora.

Herramienta 2

Infórmate de verdad, porque te van a pillar

Si exageras —«un porro y estás perdido»— y él ve que sus amigos fuman y siguen aprobando, pierdes toda la credibilidad, también para lo que sí es grave. Y a partir de ahí ya no te pregunta nada.

Hazlo así: entérate de qué se consume ahora y de qué riesgos reales tiene, sobre todo a su edad. Poder decir «esto sí y esto no» con criterio es lo que te mantiene como fuente fiable.

Herramienta 3

Pregunta mucho más de lo que explicas

Un adolescente al que le preguntan qué opina se abre; uno al que le explican, se cierra. Además, lo que él te cuente te dice más de dónde está que cualquier charla tuya.

Hazlo así: usa preguntas de verdad: «¿en tu clase se fuma?», «¿qué se dice de eso?». Y escucha sin corregir la primera respuesta, aunque te chirríe.

Herramienta 4

Deja el plan de rescate acordado por escrito

Es lo que más noches salva. Si sabe que puede llamarte a cualquier hora para que le recojas, sin bronca esa noche, no se sube a un coche con alguien que ha bebido.

Hazlo así: pacta la regla y cúmplela: te llamo, me recoges, no hay discusión hasta el día siguiente. Y el día siguiente sí se habla, pero de la conducta, no de la llamada.

Herramienta 5

Normas claras, pocas y que se cumplan

Veinte normas que nadie sostiene enseñan que las normas no van en serio. Tres que se cumplen siempre, sí. Y las consecuencias, dichas antes y proporcionadas: castigar un mes en caliente acaba levantándose a los cuatro días.

Hazlo así: elige dos o tres innegociables —conducir, horas, dónde—, dilas claras y sostenlas. Lo demás, negociable.

Herramienta 6

Y mira qué está tapando el consumo

A ciertas edades una parte es probar y curiosidad, y se pasa. Pero cuando se vuelve frecuente, muchas veces está tapando otra cosa: ansiedad social, no dormir, sentirse fuera, pasarlo mal. Atacar solo el consumo deja intacto el motivo.

Hazlo así: pregúntate para qué le sirve, no solo cuánto consume. Si aparece un para qué, ahí está el trabajo de verdad.
Cuándo pedir ayuda. Si el consumo es frecuente, si ha cambiado de amigos y de horarios, si han bajado las notas de golpe o si aparece dinero que falta, eso ya no se arregla con conversaciones y conviene que lo vea alguien. Tienes también ayudar a un hijo adolescente, mi hijo me contesta mal y cuando niega el problema.

¿Y si quieres trabajarlo con alguien?

Soy Miguel Martínez, psicólogo colegiado nº CV17649. Paso consulta online para toda España y presencial en Valencia. Si esto que cuenta la guía te está pasando de verdad y quieres que alguien mire tu caso, escríbeme y te digo cómo trabajo, sin compromiso.

Cómo trabajo y cómo pedir cita →