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📎 Guía gratuita · Familia

Cómo dejar de gritar a tus hijos

Por Miguel Martínez, psicólogo · Colegiado nº CV17649

Seis herramientas para bajar el volumen de casa sin proponerte una paciencia infinita que no existe, y para lo que hay que hacer cuando se te escapa.

Ilustración: el ratón de Psicolinks junto a una casa con la ventana encendida
La idea de fondo. Gritar y arrepentirse después es una de las cosas que más culpa genera en madres y padres, y de las que menos se hablan. La trampa está en proponerse «tener más paciencia»: la paciencia no es un depósito que se rellene con voluntad, es lo que queda cuando el cansancio, la prisa y el hambre no se lo han comido antes. Por eso lo que funciona no es controlarse mejor en el momento del grito, sino cambiar las condiciones que llevan hasta él.

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Seis herramientas

Herramienta 1

El grito casi nunca es por lo que crees

No gritas por lo que ha hecho el niño: gritas porque llevabas tres horas al límite y eso ha sido la gota. El detonante es el último eslabón, no la causa. Por eso las estrategias que solo miran la conducta del niño no funcionan.

Hazlo así: apunta durante una semana a qué hora gritas. Casi siempre hay dos franjas —la salida por la mañana y la hora de la cena— y ahí es donde se interviene, no en el momento del grito.

Herramienta 2 · La que más cambia las cosas

Baja la carga de las dos horas malas

Las horas punta de casi todas las casas son la mañana y el rato de cena-baño-cama. Si esas dos franjas van con prisa, hambre y cansancio, el grito está garantizado por mucha paciencia que tengas.

Hazlo así: quita cosas de esas franjas: mochilas y ropa preparadas la noche antes, cena más temprana o más simple, quince minutos más de margen por la mañana. Se nota más que cualquier técnica.

Herramienta 3

Ten una salida ensayada para el momento

En el pico de enfado no vas a razonar: el objetivo no es responder bien, es no responder. Y eso hay que tenerlo decidido antes, no improvisarlo.

Hazlo así: elige una acción concreta y practícala: darte la vuelta y beber agua, salir treinta segundos al pasillo, decir en voz alta «necesito un minuto». Avisa a los niños de que eso es lo que vas a hacer y por qué.

Herramienta 4

Menos avisos y más consecuencias tranquilas

El patrón habitual es repetir diez veces cada vez más alto hasta estallar. Al niño le enseña que hasta el grito no va en serio, y a ti te deja agotado.

Hazlo así: un aviso claro, y a la segunda la consecuencia que hayas dicho, aplicada sin subir la voz. Cuesta al principio y a las dos semanas baja el volumen de la casa entera.

Herramienta 5

Repara después, siempre

Vas a gritar alguna vez, y eso no rompe a nadie. Lo que marca la diferencia no es no fallar nunca: es lo que pasa después.

Hazlo así: vuelve cuando estéis los dos tranquilos: «te he gritado y no está bien, lo siento; sigo pensando que hay que recoger». Reconoces sin quitarte la norma. Eso además les enseña a disculparse a ellos.

Herramienta 6

Mira si el problema eres tú de fondo

Si gritas mucho más que antes, si te asustas de tu propia reacción o si estás llorando a menudo, esto no va de técnicas de crianza: va de que estás al límite y necesitas ayuda tú.

Hazlo así: léete la guía «Agotamiento de madres y padres» y, si te reconoces, pide cita. Cuidarte a ti es la intervención más eficaz que existe sobre el ambiente de tu casa.
Una cosa importante. Gritar de vez en cuando no daña a un niño; lo que daña es el desprecio sostenido, la humillación y el miedo. Si en tu casa la cosa ha llegado ahí, o si alguna vez has ido más allá del grito, pedir ayuda no es reconocer que eres mal padre: es lo que hace la gente que quiere dejar de serlo.

¿Y si quieres trabajarlo con alguien?

Soy Miguel Martínez, psicólogo colegiado nº CV17649. Paso consulta online para toda España y presencial en Valencia. Si esto que cuenta la guía te está pasando de verdad y quieres que alguien mire tu caso, escríbeme y te digo cómo trabajo, sin compromiso.

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