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🧪 Experimento · Dos minutos

El test de Stroop

Este no hace falta creérselo: lo mide un cronómetro, y el número lo produces tú.

Dos rondas de veinte, y las dos van cronometradas.

En la primera aparece un bloque de color y pulsas de qué color es. En la segunda aparece una palabra —ROJO, AZUL, VERDE, AMARILLO— escrita en un color que nunca es el que dice, y tienes que pulsar el color de la tinta, no lo que pone. Si te equivocas, la palabra se queda hasta que aciertes.

Ve lo más rápido que puedas. La gracia está en la prisa: despacio no se nota nada.

Si no distingues bien los colores —daltonismo de cualquier tipo—, este experimento no te va a funcionar y no dice nada de ti. Los otros del laboratorio no van de color.

Ronda 1 hecha. Ahora la buena.

Ahora salen palabras de colores, escritas siempre en otro color. Tienes que pulsar el color de la tinta e ignorar lo que pone. Igual de rápido que antes.

Ronda 1 de 2

Pulsa el color del bloque.

 

0sbloques de color
0spalabras al revés

Qué acaba de pasar

Leer es automático. Llevas tantos años haciéndolo que ya no lo decides: la palabra se lee sola antes de que te dé tiempo a querer leerla. Así que en la segunda ronda tenías dos respuestas peleándose por salir —la que lees y la que ves— y has tenido que frenar una para dar la otra. Frenar cuesta tiempo, y ese tiempo es lo que acabas de medir.

Esto lo midió John Ridley Stroop en 1935, y desde entonces se ha repetido miles de veces: en su experimento, la condición con interferencia subió el tiempo alrededor de un 74 %. Es de los efectos más sólidos de toda la psicología — sale prácticamente en todo el mundo, sepas o no sepas de qué va.

Y aquí está lo que importa fuera del laboratorio: lo automático no se apaga con voluntad. Puedes taparlo, contrarrestarlo o darle otra respuesta encima, pero apagarlo no. Por eso «tú no le hagas caso», «pasa de eso» o «no te lo tomes así» no son instrucciones que nadie pueda cumplir: el primer pensamiento sale solo, igual que la palabra se lee sola. Lo único que se elige es lo segundo — qué haces con él.

Dos sitios donde esto se nota mucho. Uno: cuando alguien te dice «no pienses en eso» — lo tienes en el oso blanco. Y dos: cuando crees que puedes hacer dos cosas a la vez, que es exactamente el mismo peaje pagado cien veces al día — está en la multitarea no existe.

De dónde sale esto y qué no es. Stroop, J. R. (1935). Studies of interference in serial verbal reactions. Journal of Experimental Psychology, 18(6), 643–662. Lo de aquí arriba es una versión de salón: veinte palabras en un móvil, no listas impresas leídas en voz alta y cronometradas por otra persona. Tus segundos dependen de tu pantalla, de tus dedos y de las ganas que tuvieras — sirven para compararlos entre sí, no con nadie. No es una prueba psicológica, no puntúa nada y no dice nada de ti.

Esto era un experimento de dos minutos.

Ver cómo funciona la cabeza está bien; cambiar algo de lo que te pasa se hace mejor con alguien delante. Soy Miguel Martínez, psicólogo colegiado nº CV17649: trabajo online para toda España y presencial en Valencia.

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