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🧪 Experimento · Tres minutos

El descuento por demora

Ocho preguntas sobre dinero que no existe. Al final sale un dibujo con una cosa que normalmente solo se nota: cuánto se te encoge algo por tener que esperarlo.

Elegir entre dinero de ahora y dinero de después.

Te vamos a poner seis veces la misma disyuntiva con cantidades distintas: una cantidad hoy o 60 € dentro de un mes. Y luego dos preguntas más.

No hay respuesta buena ni mala y no se corrige nada. Contesta lo que harías de verdad, sin calcular. No se guarda nada: si cierras la pestaña, esto desaparece.

1 de 6

¿Qué prefieres?

Lo primero que te salga.

1 de 2

¿50 € hoy o 60 € dentro de un mes?

Igual que antes: lo que harías, no lo que quedaría bien.

0 €lo que valen hoy para ti esos 60 €
0 €lo que te cuesta esperar un mes

Qué acaba de pasar

Lo que acabas de medir es cuánto se te encoge el valor de algo por el simple hecho de tener que esperarlo. Los 60 € son los mismos el primer día y el último; lo que cambia es lo que valen vistos desde hoy. Todo el mundo los descuenta un poco. Lo interesante no es cuánto, sino de qué forma.

Y ahí está lo raro: esa caída no es una recta. Si lo fuera, cada mes de espera te quitaría lo mismo y no habría nada que contar. Lo que sale, mires a quien mires, es la curva del dibujo: se desploma en las primeras semanas y luego casi se queda plana. Entre hoy y dentro de un mes hay un abismo. Entre el mes doce y el mes trece, prácticamente nada.

De ahí sale la inversión de preferencia. Es la misma espera de un mes en los dos casos, pero cae en un tramo distinto de la curva: en el precipicio o en la llanura. Por eso puedes decidir con toda tu buena fe que el lunes empiezas —desde el jueves, donde el lunes está lejos y todo es llano— y el lunes por la mañana estar en el precipicio y querer otra cosa. No es que te engañes: es que estás mirando desde otro punto.

Por qué esto importa

Esta curva es el motivo por el que cuesta ahorrar cuando el dinero está en la mano, por el que cuesta dejar de fumar cuando el cigarro está encendido, por el que a las once de la noche apagar el móvil e irte a dormir a tu hora es una decisión sorprendentemente difícil. En todos esos casos hay un premio de después —dinero, salud, dormir bien mañana— y un premio de ahora. Y el de después, visto desde ahora, vale menos. No un poco menos: bastante menos.

Conviene decirlo claro porque casi siempre se cuenta al revés: eso no es falta de carácter ni de fuerza de voluntad. En los estudios a esto a veces lo llaman impulsividad, que aquí solo significa una cosa —que lo cercano pesa más que lo lejano— y no es ninguna etiqueta ni describe a nadie entero. La diferencia entre las personas es de grado, y además la misma persona tiene una k distinta según el día, el cansancio y lo que haya en juego. Lo que no cambia es la forma de la curva.

Dónde se nota de verdad. No cuando planificas: cuando decides. Sentado el domingo, con el móvil lejos, cualquiera elige lo de después. La curva no entra en juego hasta que las dos opciones están delante y una de ellas es ya. Por eso los planes que dependen de aguantar ese momento fallan tanto.

Qué se hace con esto

Poco se puede hacer con la curva —es así—, pero sí con dónde te pilla. Tres cosas que funcionan, y ninguna consiste en tener más voluntad:

Uno: decidir antes, cuando la tentación aún está lejos. Elige el domingo lo que vas a comer el jueves, deja la transferencia al ahorro programada el día de la nómina, saca la ropa de deporte la noche anterior. Estás usando tu propia llanura a favor: decides desde el tramo plano de la curva, donde lo de después todavía vale lo que vale.

Dos: partir el premio lejano en premios cercanos. «Aprobar en junio» está a seis meses y desde aquí no vale casi nada. «Dos horas hoy y tacharlo» está a dos horas. No es un truco de motivación: es meter el premio dentro del tramo donde todavía pesa.

Y tres: que lo que quieres hacer sea lo fácil de hacer. Si el móvil está en otra habitación y el libro está en la mesilla, no hace falta ganar el pulso — no llega a haber pulso. Cambiar el entorno cuesta cinco minutos una vez; resistirse cuesta cada noche.

Esto tiene continuación. Lo de decidir antes y quitar la opción de en medio, aplicado al trabajo y al estudio, está en concentrarte y dejar de procrastinar. Y lo de hacer que lo bueno sea lo fácil, que es la parte que más rinde a largo plazo, en crear hábitos que duren.

De dónde sale esto y qué no es. La idea de que el valor de un premio cae con la espera siguiendo una curva hiperbólica —y no exponencial— es de Ainslie, G. (1975). Specious reward: a behavioral theory of impulsiveness and impulse control. Psychological Bulletin, 82(4), 463–496; ahí está también la explicación de por qué esa forma concreta produce inversiones de preferencia. El formato de ir eligiendo entre dinero de ahora y dinero de después para estimar la k viene de Kirby, K. N. y Maraković, N. N. (1996). Delay-discounting probabilistic rewards: rates decrease as amounts increase. Psychonomic Bulletin & Review, 3(1), 100–104. Tres avisos. Aquí el dinero es hipotético: con dinero real se obtienen resultados parecidos, pero no idénticos, así que tu número es orientativo. Seis elecciones son muy pocas —los cuestionarios de verdad usan decenas de preguntas y varias cantidades y demoras—, o sea que esto no mide nada con precisión. Y sobre todo: esto no puntúa ni diagnostica a nadie. Una k alta no es un defecto, no predice tu vida y no aparece en ningún manual de trastornos.

La ficha, con calma. Dónde aparece esto fuera del experimento y qué se puede hacer con ello: el descuento por demora, en la biblioteca de sesgos.

Esto era un experimento de dos minutos.

Ver cómo funciona la cabeza está bien; cambiar algo de lo que te pasa se hace mejor con alguien delante. Soy Miguel Martínez, psicólogo colegiado nº CV17649: trabajo online para toda España y presencial en Valencia.

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