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🧪 Experimento · Dos minutos

El anclaje

Este también necesita dos personas. Contesta tú primero y luego mándaselo a alguien: le va a salir la misma pregunta con otro número delante.

Una pregunta rápida.

No lo busques y no lo pienses mucho: contesta con lo primero que te salga.

Vale. ¿Y cuánto dirías que mide exactamente?

Una cifra, la que te salga. Aunque no tengas ni idea.

lo que has dicho tú
330lo que mide de verdad

No se guarda ni se cuenta nada de lo que respondes aquí: tu cifra no sale de esta pantalla.

Qué acaba de pasar

La primera pregunta no servía para nada. Era el aparador. Lo único que hacía era dejarte un número delante —120 o 600, según a quién le tocara— antes de pedirte el tuyo. Ese número no salía de ningún sitio: lo elegí yo, al azar, y tú lo sabías. Aun así, cuando has tenido que dar una cifra, la has dado desde ahí.

A eso se le llama anclaje. Un número que aparece antes —aunque no venga a cuento, aunque te digan que es arbitrario— se queda de punto de partida, y la respuesta se acerca a él más de lo que debería. No es que te dejes convencer. Es que ya no partes de cero.

Por qué pasa

Cuando sabes la respuesta, esto no ocurre: la dices y ya. El anclaje aparece justo donde no sabes. Y en esos huecos la cabeza no se pone a calcular desde el principio —eso cuesta mucho—, sino que coge lo primero que tiene a mano y lo va moviendo. «600 me parece demasiado… bajo un poco… 450, algo así». «120 se me hace poco… subo un poco… 180».

Lo importante no es que ajustes, es que ajustas poco. Te mueves desde el ancla hasta que el número deja de parecerte raro, y ahí paras. Pero «deja de parecerme raro» depende de dónde hayas salido. Dos personas con la misma ignorancia y dos anclas distintas acaban en dos sitios distintos, y las dos se quedan igual de tranquilas.

Dónde aparece cuando cierras esta página

En las rebajas, el precio tachado. Nadie espera que te creas que esa camiseta valía 89 €: el tachón está ahí para que los 39 € se midan contra 89 y no contra lo que vale una camiseta. El «antes 89 €» hace su trabajo aunque no te lo creas.

En una negociación de sueldo, quien dice la primera cifra pone la mesa. Todo lo que venga después será «subir desde ahí» o «bajar desde ahí», y casi nunca «empezar de nuevo». Lo mismo con el precio de salida de un coche de segunda mano, con la primera oferta por un piso, con el presupuesto que te pasa el primer profesional al que llamas.

Y también pasa por dentro, sin números. La primera impresión que te llevas de alguien funciona igual: luego llegan datos nuevos, ajustas —y ajustas poco. La conversación de los diez primeros minutos de una entrevista. El comentario de un profesor sobre lo que se te da bien, hecho a los doce años y todavía puesto. La idea que tienes de ti mismo tampoco se construye desde cero cada mañana: se ajusta desde donde estaba ayer.

Y aquí es donde esto deja de ser un juego. Si notas que una idea sobre ti lleva años sin moverse del sitio donde la dejaron, el trabajo no es convencerte de lo contrario: es ver desde dónde estás midiendo. Eso se hace por escrito, en darle la vuelta a un pensamiento. Y cuando lo que hay encima de la mesa es una decisión con una primera cifra ya puesta —un sueldo, un piso, un plazo—, en tomar decisiones difíciles.

De dónde sale esto y qué no es. Tversky, A. y Kahneman, D. (1974). Judgment under uncertainty: heuristics and biases. Science, 185(4157), 1124–1131. En el experimento original no había torres: se hacía girar una ruleta delante de la persona y se le preguntaba qué porcentaje de países de la ONU eran africanos. A quienes les salió el 10 estimaron de media un 25 %; a quienes les salió el 65, un 45 %. La ruleta estaba trucada y se giraba a la vista de todos, y aun así el número movía la respuesta. Aquí se ha cambiado la pregunta por una de altura, que se entiende sin saber geografía; la mecánica es la misma. Esto no mide nada de ti: no hay acierto ni fallo, y clavar los 330 metros solo significa que ya sabías cuánto mide la torre.

La ficha, con calma. Dónde aparece esto fuera del experimento y qué se puede hacer con ello: el sesgo de anclaje, en la biblioteca de sesgos.

Esto era un experimento de dos minutos.

Ver cómo funciona la cabeza está bien; cambiar algo de lo que te pasa se hace mejor con alguien delante. Soy Miguel Martínez, psicólogo colegiado nº CV17649: trabajo online para toda España y presencial en Valencia.

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