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📎 Guía gratuita · Familia

Cómo mejorar la autoestima de un niño

Por Miguel Martínez, psicólogo · Colegiado nº CV17649

Seis herramientas para cuando tu hijo se rinde enseguida, dice que no vale para nada o se hunde con cualquier error, y no sabes cómo ayudarle sin empeorarlo.

Ilustración: el ratón de Psicolinks junto a una casa con la ventana encendida
La idea de fondo. Hay una idea muy extendida y bastante equivocada: que la autoestima de un niño se levanta a base de decirle lo bueno que es. Eso no la levanta, la vuelve dependiente del aplauso. Lo que la construye es otra cosa, más lenta y menos agradecida: acumular experiencias de haberse enfrentado a algo difícil y haber podido, con ayuda o sin ella. De ahí salen las herramientas: elogiar el esfuerzo y no la capacidad, no resolverle lo que puede resolver, y corregir la conducta sin definirle a él.

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Seis herramientas

Herramienta 1

La autoestima no se construye con elogios

Decirle todo el rato que es el mejor no la sube: la infla y la vuelve frágil, porque el niño acaba dependiendo de que se lo confirmen. Lo que sí la construye es acumular experiencias de haber podido con algo.

Hazlo así: en vez de «qué listo eres», deja que haga cosas difíciles y que le salgan regular. Ahí es donde se construye, no en el aplauso.

Herramienta 2 · La que más diferencia hace

Elogia el esfuerzo y la estrategia, no la capacidad

Es de las diferencias mejor documentadas: elogiar la inteligencia hace que los niños eviten los retos para no dejar de parecer listos; elogiar el trabajo hace que los busquen.

Hazlo así: cambia «eres muy bueno en mates» por «te has puesto con ese problema hasta que ha salido». Concreto y sobre lo que ha hecho, no sobre lo que es.

Herramienta 3

Deja que se aburra y que resuelva sus líos

Resolverle todo —los deberes, las discusiones con amigos, lo que se le olvida— manda un mensaje de fondo: «tú solo no puedes». Y ese mensaje pesa más que cualquier frase bonita.

Hazlo así: antes de intervenir, pregúntate si de verdad no puede o es que tú vas con prisa. Y cuando intervengas, hazlo con la pregunta: «¿qué se te ocurre a ti?».

Herramienta 4

Cuidado con las etiquetas, también con las buenas

«El responsable», «la tímida», «el cabezota». Las etiquetas se pegan y el niño acaba comportándose según la suya, y no se sale de ahí ni cuando quiere.

Hazlo así: habla de conductas concretas y de momentos, no de cómo es: «hoy te ha costado saludar», no «es que es muy tímida». Y ojo con decirlo delante de él, que es cuando más cala.

Herramienta 5

Separa lo que hace de lo que es cuando corriges

Un niño que oye «eres malo» aprende algo distinto que uno que oye «eso que has hecho está mal». Lo primero define; lo segundo corrige.

Hazlo así: la fórmula: nombrar la conducta, explicar el efecto y decir qué se hace en su lugar. Sin adjetivos sobre él, y en corto.

Herramienta 6

Fíjate en lo que aprende mirándote

Cómo te hablas tú delante de él —«qué desastre soy», «soy malísima para esto»— le enseña cómo tratarse a sí mismo, y pesa mucho más de lo que le digas.

Hazlo así: vigila tu propia autocrítica en voz alta. Y déjale verte equivocarte y arreglarlo sin dramatizar: eso es exactamente lo que quieres que aprenda.
Cuándo consultar. Si dice cosas muy duras sobre sí mismo, si ha dejado de intentar cosas, si evita ir al colegio o si hay señales de acoso, eso ya no es una cuestión de crianza y conviene una valoración. Tienes también «Cuando tu hijo no quiere ir al colegio» y «Tu hijo adolescente lo está pasando mal».

¿Y si quieres trabajarlo con alguien?

Soy Miguel Martínez, psicólogo colegiado nº CV17649. Paso consulta online para toda España y presencial en Valencia. Si esto que cuenta la guía te está pasando de verdad y quieres que alguien mire tu caso, escríbeme y te digo cómo trabajo, sin compromiso.

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