Investigadores ucranianos realizaron una encuesta telefónica a 2.504 adultos de zonas bajo control gubernamental para conocer la prevalencia de trastorno de estrés postraumático (PTSD) y PTSD complejo (CPTSD) tras la invasión rusa de 2022. Además de medir la exposición a traumas actuales, también indagaron sobre experiencias traumáticas previas en la vida de los participantes.
Los resultados fueron preocupantes: el 25,2% de la población presentaba PTSD según criterios del ICD-11, mientras que el 6% cumplía criterios adicionales para CPTSD, sumando una prevalencia combinada del 31,2%. Los factores que aumentaban el riesgo incluían ser mujer (casi el doble de probabilidad), tener más años, haber servido en el ejército, y haber acumulado más traumas a lo largo de la vida o más estresores relacionados con la guerra.
Estos datos confirman el impacto psicológico severo de un conflicto armado activo y continuo en la población civil. La investigación sugiere que en contextos de amenaza constante, como una guerra en curso, el estrés traumático puede manifestarse de formas distintas a las observadas en otras muestras de población, algo que podría explicar las tasas de CPTSD más bajas encontradas.