Investigadores evaluaron un programa llamado Parenting for Resilience (Crianza para la Resiliencia) diseñado específicamente para familias migrantes y desplazadas de Myanmar. El estudio incluyó a 479 cuidadores que fueron asignados aleatoriamente a recibir el programa o solo información sobre servicios locales. Se midieron cambios en la violencia física y psicológica hacia los niños, el malestar psicológico del cuidador y prácticas de crianza positivas a los meses 1 y 6 después de la intervención.
Los resultados fueron prometedores: el grupo que recibió el programa mostró reducciones sostenidas en ambos tipos de violencia hacia los niños (la violencia física se redujo un 38-52% y la psicológica un 24-31%). También mejoró significativamente el bienestar psicológico de los cuidadores, junto con su regulación emocional, flexibilidad psicológica y conocimientos sobre crianza.
Este hallazgo sugiere que un enfoque integrado que aborde simultáneamente la salud mental del cuidador y las habilidades parentales puede ser especialmente eficaz en contextos de conflicto y desplazamiento. Sin embargo, el programa no mostró efectos sobre ciertos aspectos como el apoyo social percibido o las dificultades emocionales de los niños, lo que indica que se necesitan intervenciones complementarias.