Investigadores evaluaron la efectividad de «Parenting for Resilience», un programa diseñado conjuntamente para reducir simultáneamente la violencia contra menores y mejorar la salud mental de 479 cuidadores desplazados de Myanmar. El estudio, un ensayo controlado aleatorizado pragmático, midió violencia física y psicológica, angustia psicológica del cuidador y prácticas parentales positivas en tres momentos: antes de la intervención, al mes y a los seis meses.
Los resultados fueron notables: tanto la violencia física como la psicológica se redujeron sustancialmente en los dos momentos de seguimiento, y la angustia psicológica de los cuidadores disminuyó de forma consistente. Además, mejoraron el estrés postraumático, la regulación emocional, la flexibilidad psicológica, el bienestar, los conocimientos parentales y el funcionamiento familiar de quienes recibieron la intervención.
Estos hallazgos sugieren que un enfoque integrado que aborde tanto la salud mental del cuidador como las habilidades parentales puede ser especialmente valioso en contextos de bajo recursos y desplazamiento, donde ambas necesidades suelen coexistir y potenciarse mutuamente.