Investigadores australianos siguieron a 923 adultos con ideación suicida durante 18 meses para analizar si los síntomas de depresión, ansiedad, trastorno obsesivo-compulsivo y estrés postraumático predecían la probabilidad de intentar suicidarse. Durante ese período, 106 participantes (11,5%) realizaron un intento de suicidio. Los síntomas de depresión y estrés postraumático en el inicio del estudio se asociaron con mayor riesgo de intento, mientras que los síntomas obsesivo-compulsivos mostraron una pequeña asociación protectora.
Un hallazgo importante fue que cuando los investigadores consideraban si la persona ya había intentado suicidarse antes, el efecto de los síntomas se reducía significativamente. Esto sugiere que los intentos previos pueden ser un factor más determinante que los síntomas actuales de ciertos trastornos mentales.
Estos resultados subrayan que aunque la depresión y la ansiedad son factores de riesgo conocidos, la relación entre síntomas específicos y el paso de pensar en suicidarse a intentarlo es más compleja de lo que podría parecer. El estudio indica que los antecedentes personales y la capacidad para llevar a cabo un intento juegan un papel crucial que merece investigación adicional.