Investigadores del Reino Unido analizaron datos de más de 6.900 personas nacidas en 1970, evaluando su bienestar mental a los 26, 34 y 42 años. Encontraron que mientras algunos experimentaban un claro deterioro psicológico hacia los cuarenta, otros mantenían una salud mental estable. El estudio identificó que la clase social de origen y los ingresos en la treintena eran los predictores más importantes de este declive.
Los resultados mostraron diferencias muy marcadas: quienes tenían antecedentes de clase trabajadora y ganaban menos a los 34 años tenían 1,5 veces más probabilidades de experimentar deterioro mental hacia los cuarenta. Por el contrario, quienes estaban en el quintil de ingresos más altos a los 34 años tenían menor riesgo. Curiosamente, la clase social de origen no predecía problemas mentales entre los 26 y 34 años; el efecto emergía después.
Este hallazgo sugiere que la famosa "crisis de los cuarenta" no es una etapa universal inevitable, sino que afecta desproporcionadamente a quienes enfrentan desventajas económicas persistentes. Los autores subrayan que estos grupos deberían ser prioridad en políticas de salud mental de mediana edad.