Durante la guerra de 2024 en Líbano, investigadores entrevistaron a 19 profesionales sanitarios —enfermeros, paramédicos y conductores de ambulancia— para entender cómo vivieron los bombardeos a hospitales e infraestructuras médicas. El equipo analizó sus relatos usando métodos cualitativos rigurosos.
Los trabajadores describieron un sistema sanitario colapsado: ataques directos a centros de salud, falta de personal y medicinas, y un acceso cada vez más limitado a la atención. Pero lo más relevante fue el coste emocional: ansiedad, miedo, agotamiento y una angustia moral particular al verse obligados a elegir entre cuidar a los pacientes y proteger sus propias vidas.
Aun así, los sanitarios demostraron una resiliencia notable. A través del trabajo en equipo, la adaptación rápida y una dedicación profesional inquebrantable, consiguieron mantener vivos servicios esenciales en condiciones extremas. El estudio subraya que proteger a estos trabajadores y sus centros es vital para cualquier respuesta humanitaria en conflictos armados.