Investigadores españoles analizaron 36 sesiones de enseñanza clínica (casi 80 horas de grabación) en medicina interna, neurología y traumatología para entender qué ocurre cuando un estudiante comete un error frente al paciente. Utilizaron un sistema de clasificación detallado para categorizar los tipos de errores, el contenido que abarcaban y cómo reaccionaban los profesores ante ellos.
El estudio reveló que los estudiantes cometían un promedio de 4,9 errores por hora, especialmente en razonamiento clínico y conocimiento teórico. Además, descubrió que la supervisión no era consistente: durante el examen físico, los estudiantes estaban siendo observados solo el 72% del tiempo. Curiosamente, la presencia del paciente no influyó en cómo los profesores corregían los errores, aunque sí hubo diferencias en cuántos errores se detectaban según estuviera o no presente el docente.
Estos hallazgos sugieren que aunque los errores son frecuentes y tienen potencial educativo real, muchas oportunidades de aprendizaje se pierden por supervisión inconsistente o retroalimentación insuficiente. Los autores proponen que mejorar la detección de errores, ofrecer retroalimentación estructurada y crear un ambiente de seguridad psicológica podría fortalecer significativamente la calidad pedagógica de la enseñanza clínica.