Investigadores analizaron los hábitos alimentarios, factores psicológicos y sociales de 3.150 estudiantes universitarios de seis regiones agrícolas de India. Usando cuestionarios validados y medidas antropométricas, identificaron qué componentes del comportamiento alimentario se asociaban con el índice de masa corporal.
Los resultados mostraron que la reactividad emocional y la susceptibilidad a señales externas (anuncios, estrés) se vinculaban con un BMI más alto, mientras que mantener patrones de comida estructurados y una buena salud emocional actuaban como factores protectores. Además, detectaron déficits importantes: aunque el consumo de cereales era adecuado, faltaban verduras de hoja verde, lácteos y frutas.
Esto sugiere que prevenir sobrepeso e infrapeso en jóvenes requiere ir más allá de información nutricional. Los programas universitarios deben abordar la inteligencia emocional, la gestión del estrés y las presiones sociales, especialmente considerando diferencias de género y contexto cultural.