Investigadores estadounidenses analizaron durante 8 meses a 890 adultos mayores (edad media 65 años) para examinar cómo sus conexiones sociales evolucionaron durante la pandemia de COVID-19 y cómo esto se relacionó con cambios en su actividad física y bienestar. A través de seis encuestas mensuales entre octubre de 2021 y mayo de 2022, midieron siete dimensiones de conexión social: normas sociales, red social, apoyo social, participación social, entre otras.
Los resultados mostraron que la red social, el sentimiento de pertenencia y los efectos negativos disminuyeron con el tiempo, mientras que el apoyo social (cantidad y calidad) aumentó. La participación social y el afecto positivo seguían un patrón de cambio curvilíneo, y la actividad física de intensidad moderada a vigorosa se incrementó al principio y luego se estabilizó.
Lo más relevante: los cambios positivos en participación social, red social y apoyo social se asociaron con mayores aumentos de actividad física intensa y mejor bienestar psicológico. Estos hallazgos subrayan que la calidad de nuestras conexiones humanas no es un lujo, sino un factor dinámico que influye en cómo nos movemos y nos sentimos, especialmente en momentos de crisis.