Un equipo investigador español evaluó a 439 enfermeras antes de la vacunación COVID-19 y a 410 después, midiendo ansiedad, estrés percibido y depresión mediante cuestionarios validados. Los resultados mostraron reducciones muy pequeñas en estrés percibido y depresión tras la vacunación completa en 2021, pero la ansiedad no disminuyó. Simultáneamente, el uso de apoyo psicológico pasó del 7,7% al 20,4%, sugiriendo que la necesidad real de ayuda aumentó.
Este hallazgo subraya que la disponibilidad de una vacuna efectiva no resuelve por sí sola el malestar emocional de los trabajadores sanitarios. Las enfermeras seguían reportando niveles relevantes de estrés psicológico, independientemente de la protección médica. Las mujeres mostraban consistentemente mayores niveles de angustia en ambos momentos.
La conclusión es clara: los sistemas de salud deben priorizar el apoyo psicológico directo y condiciones laborales mejores para los enfermeros, más allá de medidas sanitarias. El bienestar mental requiere intervenciones específicas, no solo garantías médicas.