Un equipo investigador estudió a 89 adultos con epilepsia para entender cómo el estrés psicológico afecta su calidad de vida. Los participantes completaron cuestionarios sobre síntomas de ansiedad y depresión, resiliencia y su bienestar general. El análisis reveló que el estrés perjudica la calidad de vida de dos formas: directamente y también debilitando la resiliencia (capacidad para adaptarse ante dificultades).
Los hallazgos muestran que la resiliencia actúa como un amortiguador parcial entre el estrés y el bienestar. Cuando alguien con epilepsia desarrolla mayor resiliencia, logra mitigar parcialmente el daño que el estrés causa en su calidad de vida. Curiosamente, la frecuencia de crisis epilépticas predijo independientemente peor bienestar, pero no afectó a la resiliencia, sugiriendo que lo psicológico y lo médico influyen por caminos distintos.
Estos resultados abren la puerta a intervenciones que refuercen tanto la reducción del estrés como la resiliencia en personas con epilepsia, complementando el tratamiento farmacológico con un enfoque más integral de su bienestar.