Investigadores estudiaron a 50 niños y niñas de primaria de origen latinoamericano (edad media 9,84 años) en una escuela charter estadounidense. Midieron su exposición a violencia comunitaria, flexibilidad cognitiva mediante pruebas de clasificación de tarjetas, bilingüismo y síntomas de ansiedad y depresión usando escalas validadas.
Los resultados muestran que mayor exposición a violencia se asociaba con más ansiedad y depresión, pero la flexibilidad cognitiva moderaba este efecto negativo, protegiéndolos. De forma sorprendente, el bilingüismo no mostró asociaciones significativas con la flexibilidad mental ni con los síntomas de salud mental.
Esto sugiere que trabajar la capacidad de adaptación mental podría ser una estrategia valiosa para ayudar a menores que viven en contextos violentos. Los autores proponen desarrollar intervenciones que refuercen la flexibilidad cognitiva como forma de mitigar el impacto psicológico del trauma en esta población.