Investigadores analizaron historiales de vida de más de 5800 mujeres coreanas y 708 chinas con depresión recurrente, registrando cuándo ocurrían sus episodios depresivos y si venían precedidos por eventos estresantes. Lo que encontraron fue notable: mientras que el primer episodio iba precedido de estrés en casi el 95% de los casos, este porcentaje caía al 78% en el séptimo episodio. Al mismo tiempo, los intervalos entre episodios se acortaban progresivamente, indicando que la enfermedad iba ocurriendo más frecuentemente sin necesidad de desencadenantes externos.
Este patrón es consistente con la hipótesis del "encendido" (kindling): con cada episodio, el cerebro se vuelve más propenso a la depresión de forma independiente del ambiente. Los análisis dentro de cada persona mostraron que eran más frecuentes las transiciones de "episodios con estrés" a "episodios sin estrés" que lo contrario, confirmando que se trata de cambios reales en cómo funciona la enfermedad en cada individuo.
En la práctica, esto sugiere que el tratamiento preventivo debería cambiar según la etapa de la enfermedad: en fases iniciales, trabajar sobre los factores estresantes puede ser más efectivo, pero conforme avanza la depresión recurrente, podrían ser más importantes estrategias como medicación mantenida o terapia psicológica específica para prevenir recaídas.