Investigadores analizaron en dos estudios cómo el trauma de traición en la infancia afecta a las relaciones sociales. Participaron más de 500 adultos de población general, evaluados mediante cuestionarios sobre sus experiencias traumáticas, vergüenza, disociación y miedo a conectar con otros.
Los resultados mostraron que el trauma infantil no actúa directamente sobre el miedo a pertenecer. En cambio, primero genera vergüenza y disociación, y estos dos factores son los que realmente interfieren en nuestra capacidad de conectar con otras personas. Lo más interesante: no es el evento traumático en sí, sino cómo cada persona lo interpreta y lo vive subjetivamente, lo que determina esas consecuencias psicológicas.
Esto tiene implicaciones prácticas en psicoterapia: trabajar con personas que vivieron traiciones en la infancia requiere atender no solo el trauma histórico, sino cómo lo perciben y valoran hoy. Reducir la vergüenza y la disociación podría ser clave para recuperar la confianza en las relaciones.