Un equipo investigador tunecino analizó a 106 adultos con lupus eritematoso sistémico (LES), una enfermedad autoinmune crónica, para entender si el trauma infantil agravaba su enfermedad. Todos los participantes reportaron al menos una experiencia adversa en la infancia, y el 57,5% cumplía criterios de trastorno de estrés postraumático. Los resultados mostraron que quienes habían sufrido violencia comunitaria en la infancia presentaban mayor actividad de la enfermedad, medida mediante índices clínicos estándar.
El análisis estadístico reveló algo importante: el trastorno de estrés postraumático actuaba como un mecanismo intermedio. No es que el trauma directo cause la enfermedad más grave, sino que el estrés postraumático derivado del trauma explica parte de esa relación. Concretamente, el TEPT mediaba entre el 27,7% y el 41,5% del efecto total según la medida clínica utilizada.
Estos hallazgos sugieren que en el manejo del lupus no basta con el tratamiento médico convencional. Los autores proponen que los enfoques interdisciplinarios que integren atención psicológica y traumatológica podrían mejorar el control de la enfermedad, especialmente en pacientes con historias de trauma.