El síndrome de ovario poliquístico, rebautizado recientemente como síndrome metabólico-endocrino ovárico (PMOS), afecta entre el 10% y el 13% de las mujeres en edad reproductiva, pero sigue siendo infradiagnosticado. Durante años se consideró principalmente un trastorno reproductor; hoy sabemos que es una enfermedad sistémica con consecuencias duraderas en múltiples órganos y sistemas: endocrino, metabólico, reproductivo, psicológico, dermatológico y cardiovascular.
La resistencia a la insulina es el mecanismo central que explica cómo este síndrome daña tanto la reproducción como el metabolismo. Afecta al 75% de las mujeres delgadas y al 95% de las mujeres con sobrepeso diagnosticadas. Los estudios poblacionales recientes muestran que las mujeres con PMOS tienen casi 3 veces más riesgo de desarrollar diabetes tipo 2 y un riesgo cardiovascular elevado (entre 1,2 y 2,5 veces mayor), riesgo que comienza a divergir de la población general a partir de los 35 años.
Este cambio de perspectiva es crucial: reconocer el PMOS como marcador temprano de enfermedad cardiometabólica abre puertas a diagnósticos más precoces, estrategias de prevención personalizadas y un cuidado integral a lo largo de toda la vida. Ya no es solo un problema de fertilidad, sino de salud cardiovascular y metabólica a largo plazo.